Yolanda Pantin

21 caballos

 

El Bosco: El concierto del huevo

 


Esperaba salvarme en el bosque de los abedules, incurvados por la borrasca.

José Antonio Ramos Sucre, El ciego

 

En tiempos oscuros el loco sigue al ciego.

William Shakespeare, El rey Lear

 


Los doce caballos de Malevich son veintiuno


Fidelidad Vivía inútilmente leyendo los periódicos pensando en el enigma del poder y en las causas de la obediencia.

Adam Zagajewski

a las preguntas que hemos transitado a lo largo de estos años y quedan sin responder huérfanas; a los posos cuando "algo" viene desde un resto antiguo que azuza el temor con cristos en los cruces de caminos; a los vampiros; a las pesadillas recurrentes; a los olvidos sumidos en pobreza y astuta sumisión; a los trazos que nos dicen de la mano de un niño sobre un mapa socorrido, y al intento de comprender.
Revelación Llegaron esa noche con sus huesos ya marcados, y tenaz tartamudeo. Jovencitos (a uno de ellos no se le entendía la mirada). Alrededor de una mesa y sillas azules de plástico, en el minúsculo balcón, nos escuchamos. Al resguardarme bajo los aleros los vi de lejos más profundo bajar en sus intuiciones. Ellos eran la poesía que me había dejado en la tormenta.
Pudor No son tantos, pero algunos se acercan al banco, en el jardín, donde se sienta cada tarde el viejo filósofo que llegó a esta Atenas violenta y destartalada desde alguna parte de la Bucovina, como él mismo a la mesa de Celan en un acto de confirmación.
Desidia Dejo pasar versos que se pierden en un nudo de voces, y por su cuenta se van con sus visiones. Los libero de mis imposiciones, torceduras de patas, relumbrones que disfrazan la pobreza de los giros cuando tratan de volver tragedia a los dramas, entre telas cotidianas que los visten en afán innoble. Dejo que se vayan por donde vinieron, de mi cabeza al aire hasta que se pierden entre tantas historias.
Amarre No nos dejan los paisajes que buscamos como formas del consuelo, y encontramos en los suburbios vacíos de gentes; en el telón donde cae llorosa la nieve; en las pailas del cielo; en los perros que caminan solos por caminos ciegos; en la grisura de los perfiles, en la humedad de las paredes; en todo lo que afeó este cuento, en los cuenteros, cuando vienen y remozan en nosotros sus deseos.
Fractura Entre escombros y ladrillos, mercadillos, mensajes incendiarios en los muros, y el rugir de la avenida con su trama de urgencias, hay una entrada invisible que guardan cuerpos fronterizos con celo.
Trama

Contestaba las preguntas sin responder. Mientras, llevaba registro de las intersecciones, anotando, además, en su cuaderno, las distancias que separaban una estación de la otra en la línea de trenes. Sumaba y restaba los kilómetros. Si había alguna irregularidad su celo la detectaba. Cuando terminaba la ruta que había elegido, volvía a empezar, puesto que con seguridad a su regreso, alguna rama había cedido obstruyendo el paso. O trazaba un empalme distinto que pudiera sorprender su "vista de águila". Habitaba en la responsabilidad del error. Preso de ese mandato, veía pasar los árboles con miedo a perderse en la maraña infantil.


Amarelo

			es el color del miedo
				
La primera vez 
lo vimos sentado sobre
uno de los peldaños de 
la pequeña escalinata 
que terminaba ciega
delante de una aviso
comercial. 

Imposible no detenerse
para observar la escena. 

Estuvo un rato allí 
hasta que una pareja 
escogió el fondo de la valla
como telón de su retrato,
así que el hombre
se levanto de donde estaba
y caminó hacia el mirador 
sobre el mar.

Nosotros, desapegados
de lo que acontecía

registramos su imagen 
igual a la de los novios 
por su empequeñecida 
proporción contra el fondo 
azul cielo del inmenso cartel
que distraía los grises
de aquella bruma helada.

La segunda vez 
fue en el comedor. 

Nos llamó la atención, 
entonces, por algo 
que no supimos ver

pero que nos obligaba a
verlo.

Trece días duró el viaje.

Restábamos las horas 
tratando 
de distinguir un detalle 

que hiciera parecer distinta 
esa planicie
diferente cada vez y 
exactamente igual
a como la habíamos 
pensado.

Coincidimos varias veces
en el comedor
y en los pasillos del tren
cuando alguno de los tres
se detenía para dar paso, 
abriendo
o cerrando una puerta.

Lo que sucedió en el trayecto
no lo supimos sino 
mucho después, pero

como una premonición,
sin pensar,
guardamos una imagen de la
llegada:

Un hombre 
encogido sobre sí,
cuidándose del hecho 
solo
de estar.


Brío En estos días sin manos restalla un látigo alzado por su inercia.
Humo Vamos, caballito, a beber de tus fuentes, en el mar de granito donde abreva la muerte.
Norte Al pozo donde cuecen las monedas entre el pasto seco.
Hedor Nadie diría viéndote pasar que vas con tus deudos. Con sus glorias pasadas va el barón de Rothschild sin saberlo. Por los pueblos va la estrella gastada, va dejando la estela de memorias lloradas en los cementerios. Y un hedor alocado en el tiempo.
Estrellas En los tejados de las lejanías, como si hubiesen regresado de un relato vivo, vuelven con sus cosas los muchachos viejos.
Ofrendas Fantasma es loco. Fantasma es una boca. Fantasma vive en un hotel en Venecia, viaja de noche, duerme en Inglaterra, amanece en Barcelona, pasa su mano por mi frente. Fantasma es mi devoración, las veces que le he entregado mi cabeza.
Dictado ¿Qué impulso, dictado del temor, o sin razón condujo a estos hombres sobre el fuego a levantar una Iglesia en tu nombre, a ti que eres pura cerrazón de invierno?
Pintura Bocanadas de sombra devoran el paisaje en un rapto místico.
Resurreción El temor a Dios me sostiene, porque de Él recibo el aliento cuando creo estar muerto.
Él Sembraba de pinos la corteza de las tierras llanas como de trigo el Ártico, aquel otro soñaba. Así eran sus días y las noches pasadas. Embebido despertaba en la idea de anudar los paisajes que el mal desataba.
Fe Nosotros no necesitamos nada pero sí la piel del agua con dádivas abierta. Nuestro padre nuestro distingue lo bueno de lo malo y jamás se equivoca.
Megalomanía Todo lo que brilla alrededor es mi sombra.
Monumento A la altura, poeta, de tus contradicciones.
Blanco sobre blanco 1 Iba por el río Yeniséi hacia su desembocadura en la boca del paisaje para ser devorado. Iba en la borda por sobre el paisaje sin contar los días desde mi destrucción. Iba hacia la capitulación, de las casas sin vistas en el barro aherrojadas, sin pensar en la humilde investidura del monje. Iba distraído, sin mirar, cuando vi a los caballos acercarse a la orilla, y perdí la razón. 2 Iba por el río Yeniséi hacia su desembocadura en la boca del paisaje para ser devorado. Iba en la borda por sobre la Historia sin contar los días desde mi destrucción. Iba hacia mi rendición en las casas sin vistas al temor amarradas, sin pensar en la fiera arquitectura del laico. Iba distraído, sin mirar, cuando vi a los caballos abrevar en la orilla, y perdí la razón. 3 Iba por el río Yeniséi hacia su desembocadura en la boca del paisaje para ser devorado. Iba en la borda por sobre mi historia sin contar los días desde mi destrucción. Iba hacia mi perdición, a las casas sin vistas doblemente cerradas, sin pensar en la blanca tajadura del Santo. Iba distraído, sin mirar, cuando vi a los jinetes en un óleo pequeño, y perdí la razón.
Daño Yo quería meterme en sus cabezas y volver indemne a mi vida.
Dime Si ya uno Es, ¿cuántos menos serían?
Carga Un mes es poco pero un día es mucho.
Posta De aquel lado del mundo que ignoramos nos llegan noticias.
360° Si tuviésemos oídos tampoco escucharíamos su queja en el bar repleto.
Irrupciones Suceden en el temple, en el carácter, por sobre el raciocinio y la argumentación. Ocurren en el cuerpo, detrás de las orejas, en los otros terrenos.
El goteo Imágenes que se superponen indistintas en el soporte maleable de la realidad.
Naufragio Herida la cubierta estaba con pétalos de espinas.
Hallazgo Mientras iba leyendo ciego nardo espiga algo crecía en mi cuerpo dado al temor.
La frase No se escucharon bravos en la sala cuando nos advirtió acerca de aquello que veía venir en el mar de fondo. La frase en su parquedad fue enunciada como una línea cualquiera de los poemas meditados y necesarios que leyó sin énfasis. A Rafael Cadenas
Testigo De todo eso que dices pasó no hay pruebas. Anda y fájate a por ellas en tu otro mundo.
Tajos de arenilla. A la derecha, gradas, a la izquierda, terrenos de petróleos derivados. Crack, y un jinete sin cabeza hacen el cuadro.
Vistas duras como piedras en un erial ubicuo.
Certeza Pero yo tengo un don, no alas: llevar al caballo de la rienda hasta un pozo.
Misionera Ella se guía por la luz y por la luz ciega, entra.
Misterio La virgen estaba de pie, veía la niña sin comprenderlo, sobre el lecho materno.
Fortaleza El niño que murió de viejo en el islote es ahora libre en su altar.
Bautismo Cuando muere una estrella, nace otra con su dura verdad.
El ciego Esperaba salvarme en el bosque de los abedules pero salí forzado por la mudanza. ¿Cómo sería el nacimiento de lo que se anunciaba para el futuro? Estrepitoso sería. El corneteo afuera me distrajo de mis elucubraciones hasta hacerme caer en realidades negadas enfáticamente por los leguleyos. Hubiese querido aceptar el lirio de agua que me ofreció el indigente, flor que nace en los ríos cuando no respiran, y devuelve en belleza el detritus de las cloacas que van de la ciudad a las aguas que fueron puras del manantial, pero me contuve. No sonreía. El mundo que recién nacía era el mismo que había conocido cuando no había visto la luz, pero con una leve alteración, imperceptible. Rebusqué en el mercadillo aledaño a Bellas Artes donde pregunté por dvds quemados. Era un ardid para avanzar. Los hay donde quiera me respondió una mujer mientras abría la santamaría de su tenderete. En un intento por comprender la geografía distante, me hice de algunos discos de música recia. La luz compone. Vi una plaza abierta al mercado informal alrededor de una escultura que mostraba el volumen de un torso sin cabeza como los maniquíes de polietileno a su lado. Frente, en la otra acera, sobresalía de entre el tráfico vehicular una valla alzada en un solar abandonado y palmeras. Un rato estuve contemplando lo que se me ofrecía como un misterio. Entré a la Galería, una obra dispuesta de tal forma que resultaba difícil al desprevenido dar con su entrada. Debí prever el anuncio. Allí estaban en dialogo los rostros del delirante americano sin cabeza junto al pequeño aventurero. Me pareció el edificio, entonces, un barco en llamas, o una cárcel de talismanes preciosos.
Pasaje Al tiempo que me perdía en el reflujo de la disonancia, alcancé a ver la desleal confrontación entre un ave de plumas airadas y un herido pájaro turpial.
Fuga A mis hijos Fue lo primero que advertí cuando no estaba consciente, ni podía pensar. Lo primero que miraron ustedes al acercarse a la ventana durmiendo todavía: el trazo azul profundo del río cuando pasaba un barco y una línea blanca de humo que alcanzamos mirar. La escritura debería recoger esa oscura transparencia. Yo se las ofrezco con la luz delgada en un parque y las tantas ardillas que atrevidas se acercaron sobre sus miedos para mirarnos. El ser completo donde no puedan separarse ni el aire, ni las calles que recorrimos en aquella maraña, ni los edificios ardiendo en sus cúpulas, ni los muelles que mecen los barcos, ni el puente más antiguo con su ruidoso tráfico de trenes. ¿Será que al fin la escritura saldrá de la bolsa donde traje las graciosas figuraciones de oso, de lobo y de tigre que pude haber perdido en el viaje? La piel de las ardillas no se asemeja a la piel de las ratas ciegas en los albañales, y la luz que se agosta en el parque no es tristeza en la agilidad de los perros, ni aquel edificio en la esquina va a derrumbarse, ni los árboles de un verde profundo contra el cielo cada vez más oscuro, como el azul oscuro del río, van a desaparecer.


 

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