Víctor Jiménez

El tiempo entre los labios

 

Jandro López: Fondeado (2007)

 


Breve selección de El tiempo entre los labios (1984-2008)


I. TIEMPO DE VOLVER
LA ESTACIÓN Puente aquel de San Bernardo, todavía pasa el tren de mi infancia por debajo. No olvido que he de coger, estación de San Bernardo, un día mi último tren. Estación de San Bernardo, mejor si mi último tren llega con mucho retraso.
ABALORIOS Si esta noche de nube y nada todo empieza a helarme, y la tristeza a los labios me sube; si ando, como anduve nunca, con la certeza de estar perdiendo, pieza a pieza, cuanto tuve de valor: la medalla del gozo, la niñez dorada, aquel recuerdo... no es que de triste vaya por la vida. Tal vez me estoy volviendo cuerdo.
AGUA DE AYER Las dos en punto. La sirena. Y sales en multitud al aire de febrero, mientras la mano gris del aguacero te corona de anhelos verticales. Y dejas tu figura en los cristales de mis ojos -la lluvia su venero- cuando pintan tus huellas mi sendero bajo los tibios, lentos soportales. El aire de tu paso aviva el fuego. Y en el cauce sonoro de tu río pongo a beber con sed todos mis peces. Borran las aguas transparencias. Luego, como la estela blanca de un navío, en la lluvia de ayer desapareces.
II. EL TIEMPO Y LA PALABRA
SUICIDIO I Comprendió que la vida se la llevaba el viento y no tuvo valor para apuntarse a muerto. Para ponerse a salvo de la nada y sus miedos, no encontró más salida que escribir unos versos. Pobre hombre aquel hombre tan joven, tan ingenuo. Ni siquiera sabía que aquello era abrir fuego y saltarse despacio la tapa de los sueños. II No sé qué extraña mano de niebla o desamor le lleva, por el lento y angosto corredor en sombra, hacia su cuarto. Entra y, alrededor, las cosas hoy le miran de otro modo. Calor ya tiene y toma aire, y papel y valor para sentarse justo delante del dolor amargo de vivir por dentro. Y en olor de soledad, con la desesperanza a flor de sien -y de alma- coge, tras de un leve temblor, la pluma al fin. Y apunta. Me temo lo peor.
EL POEMA Sombra de lo vivido y lo soñado. Piel de quien seré, de aquél que soy, de aquél que he sido. Y gozo y pena. Nido de albor, noche de miel, o de dolor y hiel cuando arrecia el olvido una tarde plomiza y no encuentro sosiego. Y una tarde sin tarde ni siquiera ceniza. Nada queda del fuego de esta vida que arde.
AUTOR ANTE EL ESPEJO No eres más que un ingenuo charlatán, vendedor de imposibles y añoranzas, que va de duelo en duelo por la vida dando pena por gozo al respetable para ganar -si acaso- unas monedas de falsa vanidad y gloria efímera.
III. TIEMPO DE SOMBRAS
AVISO PARA CAMINANTES No, no pasa tu vida como pasan los trenes, de andenes en andenes. Va de herida en herida. Hace tanto que anida la noche entre tus sienes. Por el camino vienes, y vas de despedida. Y no tiene remedio. Andando siempre en medio del sueño y la tristeza. De niebla es el camino, sombrío. Y tu destino lo sabes con certeza.
EL POETA CIRCULA EN EL OCASO ¿Por qué me está cerrando el paso esta penumbra? ¿Por qué se angosta la calzada, si acaban de encenderse las farolas y pasa mi automóvil por la gran avenida con palmeras? ¿Por qué, contra mis ojos, están abriendo fuego los semáforos? ¿Por qué se enturbia el parabrisas, si no llueve? ¿Por qué me falta el aire, si he bajado el cristal y por la ventanilla el viento me fustiga? ¿Por qué las gradas del estadio, los árboles del parque, los puentes sobre el río, la más dorada torre, su amiga la más alta, que me dicen ¿qué tal? nos vemos luego, amigo, buenas tardes..., tan familiares siempre, cruzan mudos y esquivos por mi lado? ¿Por qué, al volante, me siento como el niño asustado y pequeño que recibe de repente el impacto de otro coche en su coche de choque? ¿Por qué, si sobrepaso -a más de cien crepúsculos por hora- el límite de soledad, ningún agente me da el alto? ¿Por qué me está mirando el cielo con ojeras oscuras, aviesa la mirada, inyectada de sangre? ¿Por qué, como ahora el sol, de vuelta va mi corazón amargo?
Y TÚ NO LO COMPRENDES Nunca mi soledad, mis sombras, mis silencios se te escapan. Ni consigo engañarte disfrazando de gozo mi amargura con alguna sonrisa, con amables palabras, con esas buenas caras que le pongo al mal viento. Y tú no lo comprendes. Y a veces me preguntas qué me falta en la vida para hablar, para hablarte de la pena como de alguien que fuera de la casa, para tanto nombrarla. Mas sabiendo que hay preguntas que se contestan solas, me callo la respuesta mientras pienso que acaso hubiera sido feliz toda la vida si fueras tú, y no yo, quien ahora sabe que es difícil vivir, que es muy fácil vivir donde tú vives a salvo del dolor, en ese cuarto al fondo de mis sueños.
IV. FLOR DE UN DÍA
ESTA TARDE VI LLOVER Andaba ayer por la ciudad. Perdido iba mientras la voz del aguacero ofrecía a la tarde su bolero más tristemente gris y estremecido. Del recuerdo volvía malherido y en silencio, lo mismo que el guerrero que vuelve derrotado, prisionero de la desesperanza y del olvido. No sé bien de qué pena me moría ni hacia dónde vagaba mi agonía cuando quiso quién sabe si la suerte que la lluvia trajera una mirada para alumbrar mi sombra, todo. Nada como el amor para esquivar la muerte.
CUANDO ANOCHECE Anda, muchacha, ven y siéntate a mi lado. Venía de contarle mis cosas a la tarde y de pronto me veo, como quien siente haber estado ya allí adonde por vez primera llega, en mitad de tu vida, contándote mis cosas. No bajes la mirada. No me digas que nadie te lo ha dicho, que no sabes que es un mar de agua dulce tu sonrisa. Y mírame, que quiero ver el cielo. Mañana es ahora mismo. Aunque a veces alumbre, ayer es una estrella que no existe. Toda una eternidad nunca hizo falta para saberse iguales. Para tocar la luz basta con un silencio, aquel instante en que nos sobra el mundo. Si supieras las veces que te tuve desnuda entre mis sueños, vistiéndote de abrazos antes de conocerte. Si supieras... Si supieras, muchacha, que esta noche el reloj me clava en la esperanza sus agujas, que se abre la distancia lo mismo que una herida, que más temo al recuerdo que a la ausencia. Si mañana mis ojos te dijeran... Si fuera yo capaz, si tuviera valor para decirte mañana estas palabras que ahora arranco no sé bien cómo, pero sí de dónde. Si, al menos, cuando leas estos versos en un libro, algún día, comprendieras que sólo para ti fueron escritos. Si tuviera valor, si tú supieras... Si tuviera valor, me callaría.
ÍCARO Cuando se vive en sombra, y en silencio queman aún los labios sin importar que el tiempo y la distancia su muralla levanten, alivia huella tras huella desandar el umbrío sendero de la ausencia y otra vez, como el ave, sobrevolar las cumbres remotas de la dicha. Aunque el sol con sus rayos acabe derritiendo nuestras alas y nos precipitemos, sin más paracaídas que el olvido, inevitablemente en el despeñadero sin luz de la tristeza.
V. TIEMPO DESAPACIBLE
TARDE DEL DOMINGO Este inútil poema que empiezas, sin pensarlo, esta tarde aburrida y sombría de marzo, ¿lo escribe la amargura del sol en el ocaso, el peso de la muerte encima de los párpados fríos, la herida eterna cerrada siempre en falso? ¿Lo escribe la tristeza del niño del retrato? ¿Aquel terco dolor que jamás da su brazo a torcer, el recuerdo que tanto te hace daño todavía? ¿Lo escribe ese lento cansancio de enfrentarte al espejo y encontrar un extraño mirándote a los ojos? ¿El seco desencanto de ver cómo los días vienen y van pasando tan indolentemente oscuros? ¿El mal trago de sentirte en tu tiempo como un desheredado? ¿Lo escribe la certeza de haber perdido el rastro de la dicha? ¿El desdén, la desidia, la mano del hastío lo escriben, el tedio cotidiano? ¿Que mañana sea lunes y pasara este sábado con más penas que rosas? ¿El desorden del cuarto, el montón de esos libros por leer, de los diarios leídos, la rutina sonora de la radio? Lo escriben tantas sombras que me he quedado en blanco.
TIEMPO DESAPACIBLE Llueve. Qué poco dura la alegría en la casa. Del pobre sol de enero no queda ni su sombra. A bajo cero de lumbre y luz llevamos todo el día. Hace frío esta tarde. Sí, no hacía un tiempo igual desde aquel año, pero será mejor que calle si no quiero que se despierte la melancolía. Sigue lloviendo como entonces. Llueve y, de tanto llover, la oscura nieve del olvido penosamente empieza a gotear recuerdos de otra tarde de invierno y despedida, mientras arde mi corazón no sé si de tristeza.
MARZO Cuando el ave sombría y lenta del hastío te nubla el albedrío y el esplendor del día; cuando reina la umbría, y el invierno es tan frío y eterno como el río de tu melancolía; cuando miras las cosas y no encuentras la ansiada flor de la primavera, ¿no será que las rosas sólo están donde nada tu corazón espera?
VI. EL TIEMPO ENTRE LOS LABIOS
POR ESTA PLAYA ANDUVO UN HOMBRE Como un bajel lejano el recuerdo navega cargada su bodega de sombras de un verano. Con un libro en la mano te veo, en la hora ciega en que hasta Dios le niega la luz al ser humano. Y de repente, un verso da sentido al azar y lumbre a tu universo. Y vuelves la mirada al mar. El mar, el mar y no pensar en nada.
EL IDIOMA DE LAS NUBES Como buque en la niebla navego en el pasado y en sus sombras me hundo ahora, muy despacio, hasta encontrar al niño de apenas quince años que, sin darse ni cuenta, se va haciendo un muchacho que acaba de estrenar los besos, el encanto de la noche... Ya sabes, el tiempo entre los labios. Aquel joven sencillo y tímido, de barrio, que no sabe por qué le crece el desencanto y, a veces, se le llena la cabeza de pájaros. Ese alumno discreto y un poco desgarbado que, sin mucho interés, cursa bachillerato mientras aprende, solo, a esperar el verano para volver al río que pasa rodeando el Mirador, los cielos sin fin, los campanarios, el Convento, la Peña, el Castillo almenado, los molinos, la Plaza del Cabildo, los patios de luz, las azoteas, los mirlos, los tejados, las esquinas, las calles empinadas, los arcos -sí, los arcos-, la cal de aquel pueblo serrano de poemas tan hondos y de anhelos tan altos; mientras espera sólo lo mágico y lo blanco viendo llegar las nubes que van hacia el ocaso con los sueños abiertos y los ojos cerrados. Este muchacho a quien la vida va enseñando a contar las ausencias, a sumar los fracasos y a secarse las penas y salir de su cuarto cada vez que en su pecho llueve sobre mojado. Y que súbitamente, como por un milagro, una tarde de lluvia viniendo puente abajo, te ve subir alegre la calle de los álamos con un paraguas rojo, para darle esquinazo a la tristeza tonta de sus primeros daños. El mismo que esta tarde, a los cuarenta y tantos, en tus ojos naufraga para ponerse a salvo de tanta noche en vida y tanta vida en vano. Hasta llegar al fondo, donde el misterio es claro.
EL TÚNEL De mi casa hasta tu casa, de mi anhelo hasta tu encanto, bajo las vías del tren de mis sueños de muchacho, tú sabes, amor, que tuve que pasar durante años por la penumbra de un túnel para subir a tus labios. Hoy el túnel ya no existe. Y sigo por él pasando.
VII. DEL TIEMPO Y LA DISTANCIA
DEL TIEMPO Y LA DISTANCIA Si todo fuera siempre tan sencillo como abrirte la puerta de mis sueños, como olvidar quién soy cuando apareces, como decirte ahora que te quiero con mirarte a los ojos, sin palabras; si cerrara los ojos un momento y no fueran las sombras como son, si las rosas hoy fueran como fueron; si la vida no fuera tan difícil como hacer hoy canción de tus silencios, como hacer hoy de heridas corazón... Pero, por más que quiera, no hay remedio. Hay a quienes separa la distancia y a quienes siempre los separa el tiempo.
OBJETOS PERDIDOS A lo largo de todos estos años oscuros, ya no sé cuántas veces, por aquellos lugares que descubrimos juntos, he buscado estos versos que el tiempo se llevó como hojas de otoño. Ya no sé cuántas tardes he buscado estos versos escritos en el agua de las calas ocultas, en el vaho invernal de unos fríos cristales que daban al silencio, que daban a la ausencia. Ya no sé cuántas noches he buscado estos versos en la luz que se pierde de vuelta entre las nubes, en la niebla que esconde los secretos del mundo, en la sombra que cubre de olvido las ciudades. Ya no sé desde cuándo he buscado estos versos que dejamos entonces como dejan los buques su eco entre la bruma, estos versos de siempre que olvidamos ayer y que hoy nos recuerdan.
Dices que la distancia Nos va separando el tiempo. Tú siempre los mismos años y yo los que voy cumpliendo.


 

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