Teresa Coraspe

Poemas

 

Michel-Ange Houasse: Bacanal

 


 

De qué sirven los votos
qué valen los templos a la mujer 
que arde en amor?

             Canto IV, La Eneida, Virgilio
      
      
      A Lubio Cardozo

 

No te imaginas Gran Padre Zeus como la lluvia roza mi piel
y me va transformando en loba sedienta
yo había sentido las fuerzas irracionales de Dionisos invadirme
con una ilogicidad demoníaca
Ven oh Padre dios apolíneo
guardián de Eros y de los sentimientos
y castígame con esos besos místicos
que sólo tú sabes cubrir con mantos de santidad
debajo de los árboles en los patios floridos
Yo sólo deseo volver a renacer entre tus brazos lejos
y que después castigues mi culpa por haberte amado
contra las leyes impuestas por los dioses en el templo
donde el vino está prohibido y Dionisos ha sido confinado a la demencia
Mis cabellos destilan aceites encendidos
y mis senos desnudos tocan la piedra sagrada
al inclinarme al sacrificio que me ha sido impuesto
Soy
sin embargo yo
quien debo perdonarme por volver la mirada
oh Pater Nostrum
Dido eligió el camino que seguiré para hacerte la ofrenda
por mi lujuria
santificado amor sea tu nombre
yo volveré a la Gran Mater que me aguarda
purificada por el fuego
y permaneceré extática
por los siglos de los siglos


ANTE LA PUERTA
 
¡Oh puerta!
¡Cuántas sombras habrán pasado a través de ti!
Y cuando tú no eras puerta, sino árbol, ¡cuántas sombras
descansarían en tu regazo! Mas, cuando tú, aún ni siquiera
Eras árbol, ¿qué mano temblorosa sembraría la tímida semilla
A la tierra, que diera origen a que algún día fueras árbol
Y luego puerta. ¿Dónde están?


MORADAS
 
De las casas que habité
Sólo tengo fragmentos de recuerdos
¡Fueron muchas!
así mi infancia fue fraccionada por las tantas mudanzas
Pero hay una casa
que se repite en los sueños
quizá porque en ella viví por siete años
y en las noches viene a visitarme poblada de fantasmas
Yo la voy reconstruyendo habitación por habitación
sin omitir ni una puerta o ventana (siquiera)
Pero de todas esas casas
la verdadera es ésta donde habito leo  y pienso
y donde los hijos y la infancia dejaron huellas profundas
con árboles y flores y el verde y los pájaros y la risa
y el llanto se sientan a la mesa como quien va a misa
cotidianamente
Esta casa y las demás casas fragmentadas
son pedazos de vida dejados por ahí
a la par de los días
Y en muchas noches cuando duermo
vuelvo con la llave
a la cerradura que abro con suma facilidad
para habitar en silencio esa casa que se repite
y se niega a ser olvidada
Y la encuentro ocupada
con los mismos muebles que una vez existieron
sólo que voces misteriosas me asustan
quizás son las nuestras
que se quedaron grabadas
en el interior de sus muros
y que la ausencia vuelve extrañas
Por eso mi penúltima casa
la cuido y acaricio porque es la morada de este cuerpo
que un día dejará de ser
Yo la miro largamente para darle vida
y que palpite como una lámpara encendida a medianoche
una casa donde el sol se las ingenia para entrar
y acurrucarse en silencio en todos sus rincones
y llenarla de luz como un cáliz venido desde lejos.


 

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