Sonia González

Poemas

 

Edward Hopper: Once de la mañana

 


 

El día que llegué de la tienda de alimentos
sin ellos en la bolsa
sin un orden
sin cuenta certera de la leche
miré a la calle como si hubiera perdido la memoria
realmente perdida y asustada
y hubiera rezado 
si no estuviera también la oración perdida


No me asombro de lo que el paraíso deja en nuestros trajes Hoy el mes flota en una gota de aceite y las uñas lo dicen todo desde el polvo Nada menos exacto que eso me ocupa Nada me ocupa Así lo dicen los periódicos
No se deberían escribir poemas tristes ni que hablen de cosas tristes ni siquiera nombrar pájaros porque también son tristes En cambio alguien otea el horizonte un barco parte tu marido en el taxi la fe más allá de la razón una pera en el supermercado y burbujas en el estómago No deberías estar con tu propia compañía y aún así amargamente triste sacar la baraja jugar al uno acompañada de ti tu marido en el taxi este país extraño la fe más allá de la fe más allá del barco que ya partió y de nuevo subir y bajar con tanto existir en idiomas extranjeros con otros que miran otros que entran a la peluquería y la mano con una moneda la mano señalando un plato sin saber qué eres qué somos qué sientes No deberías escribir más poemas ni tristes ni alegres porque las bibliotecas están llenas y están vacías y aún en la paz de un parque caen las hojas y llega un pájaro uno y se posa en el árbol más próximo sonríe aún vuela sobre ti se marcha y fue el pájaro de siempre
Si te quejas de tu corazón déjalo él no tiene boca seguirá tus pasos a un lado pedirá permiso ausente y luego andarán otra vez juntos porque es destino de un corazón andar en su cuerpo Si en cambio no lo sientes hazte a un lado déjalo pasar y no permitas el más mínimo latido Entra en calor y aguarda su sentir La vida puede parecer a veces frágil y lo es Un colibrí muere en un instante porque pierde en un instante el latido cálido de su corazón
Antes yo temía de la muerte algo vago La pulcritud de los silencios estar permanentemente en la rueda hacer sin parar alguna cosa y dudar Ahora la noche es mi única muerte pues hay otra más real y definitiva Tu pequeño cuerpo me agranda El sustento es la felicidad Yo te alimento tú agudizas mis sentidos con una mano transparente en mi pecho Una hoja canta en la calle son las seis son las seis y cuarto son las diez y la sed pierde sus esquinas


 

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