Miguel Florián

Nocturnos

[Sobre la serie 'Nocturnos' del pintor Javier Buzón]


 

Javier Buzón: Nocturno 14.-Avenida 3

 


 

LA PIEDRA QUE SE ESCINDE, LUZ ADENTRO.

Crece en la oscuridad un alear de pájaros,
breves señales, astros, de una memoria ajena.

Adéntrate en el seno de la luz,
saborea el zumo herido de su sombra.

Ráfagas, orlas encendidas, 
neumáticos heridos...

Estelas de navíos perdiéndose en los labios.


EN LA INCANDESCENCIA DEL CRISTAL reconozco otros rostros, me sumerjo en su edad, tomo hojas, guijarros, conchas... Otros cuerpos más vastos que rutilan, torsos revueltos en la arena, senos labrados por las olas. Insaciable el mar hunde los barcos en el tiempo: la tersura del labio, el templo antiguo cubierto por las algas, las medusas transparentes heridas por la luna. Me aproximo hasta el agua, las gaviotas confunden brevemente la memoria.
EL INCENDIO DEL ALBA, HORIZONTAL, TENDIDO sobre las azoteas confusas de la noche, el relente metálico que desconoce el húmedo vegetal de los cuerpos, sus senderos informes. No es esta aquella luz, la luz antigua, cálida, con su pan y su lumbre. Y los dientes tan blancos, bruñidos por el sueño, el frío de las manos que descienden al agua para ocupar la sombra. Los brumosos espejos, el alba de los muertos.

 

Javier Buzón: Nocturno 18.-Parque

 




NADA HABITA EN LA NOCHE, SE AMALGAMAN
los cuerpos, sus humores. Se extravían
entre las sábanas revueltas.

El viento trama destinos como el humo.

Un automóvil pasa,
esparce sobre el mundo sus esquirlas metálicas.

Toco la flor del sueño,
aspiro sus pétalos sangrientos.

A lo lejos, detrás de aquellos árboles,
el crepúsculo, envilecido, calla.


BUSCO EN LA SUPERFICIE DEL ASFALTO la flor azul, la genciana amarilla. La ciudad es un reptil de escamas desoladas. Miro elevarse el humo hasta formar el sueño (su línea púrpura, su llanto horizontal), la acacia sobre la acera deshojándose. La verticalidad de la carne creciendo del asfalto.
LOS ASTROS DE OTRO CIELO sobre el cemento mudo, la huída apagada de los coches, el deseo que pende viscoso de los árboles... Un helor de estaciones, un murmullo de aceros que se baten, el humo turbio del cigarro, el alcohol transparente que disuelve las vísceras... El sexo amargo tendido en el asfalto.
HUYEN POR LAS AVENIDAS DE LA MUERTE, escapan por el agujero de los pájaros. La noche va cubriendo de lascivia los árboles, extiende sus esporas en el envés del miedo.

 

Javier Buzón: Nocturno 20.-Parque

 


 

SIENTO LA NOCHE SUBIR HASTA MIS PÁRPADOS
como si ahora el tiempo se hiciera de cristal. 

Siento su mano húmeda abrazar mis tobillos, 
envolver mi cintura, adentrarse en mi sexo.


EN EL ESTANQUE QUIETO RECONOZCO la carne con su noche, el llanto impúdico, el automóvil, el olor pegajoso de los cuerpos informes, su sudor turbio y mudo.
LA AGITACIÓN DEL POLVO, LAS SEMILLAS, la irisación del llanto, la brevedad del labio envuelto por la llama. La carne que se endurece en el silencio. La dejación inmóvil de los pájaros.

 

Cabecera

Portada

Índice

 

  setstats 1