Luis Benítez

Poemas

 

Paul Delvaux: Desnudo

 


 

ESTA MAÑANA ESCRIBI DOS POEMAS

Esta mañana escribí dos poemas.
No me pregunto ya por el sentido
que tiene o no tiene este oficio oscuro.
Simplemente es otra manera, posible, de estar vivo.
Me pregunto por el origen
de esas dos cosas que ahora están sobre la mesa,
no exactamente hechas de papel y de pigmentos.
Por los hombres que lo han dicho mejor
y hoy están muertos.
Por los siglos de guerras y de paces
que entre las palabras han corrido.
Me pregunto los nombres y el semblante
del que en otra parte del globo ha dejado
sobre su mesa otras dos cosas iguales
y que duda también de mi existencia.
Me pregunto por los miles de días y de noches
que han debido transcurrir para que hiciéramos esto.
Por los cientos de personas
que han donado los versos.
Me pregunto por qué, hace un rato,
se ha modificado dos veces este mundo.


LA MANO Esta mano que tiendo y que te aguarda es otro vano prodigio, otro milagro inútil de la serie infinita que nos rodea en silencio. En la mañana que ha dejado atrás las dos vigilias, la del insomnio y la del sueño, que también es posible, la contemplo a veces con ese solo asombro que reservamos para lo extraño. Ha viajado conmigo toda la noche. Quizá, no lo recuerdo, ha palpado cosas que no tienen forma. A su tacto se han abierto puertas y se han opuesto muros que tal vez no existen. Ha temblado de frío o ha sudado bajo climas que no cambian. Posiblemente ha sido cortada, como en una noche de 1676, y permanece intacta. Ha de viajar conmigo por todo el día. Es mi remedo: hará girar cerraduras, tocará lo que ha sido tocado y tocarán los otros. Todo es un infinito pasamanos. Aceptará la alevosa amistad e intentará disuadir las amenazas, que no son otra cosa que equívocos de amor entre los hombres. Y no desdeño que las horas de luz la obliguen a papeles menores: encender un cigarrillo o dejar la humillación de la limosna son parte del misterio donde actúa la mano. Como yo, mi mano es algo que está en el mundo para aceptarlo todo. Ahora, que en la tarde, cuando contemplo lo que escribe estas voces sin el honor de algunas precisiones, oscuramente comprendo jirones de su metáfora. Como un libro sagrado, celosamente guardado por el enigma de su lengua, se ha desgajado otra día por el paso de la mano.
EN EL MUSEO DE ADENTRO recuerdas amor mío el largo adiós subdividido las innumerables salas como siglos como millones de años cada vitrina absorta y en el centro de donde emanaba la extensa arquitectura el dinosaurio enorme la fiera extinta la cabeza más grande que el cuerpo el bocado feroz todavía tendido hacia la carne asimismo evaporada los cónicos dientes las fauces en el solo hueso como la crueldad de dos que se aman y se hieren profundamente en una frase un gesto debajo de la apariencia de inmovilidad debajo de los huesos debajo del alma el gran animal insomne que reina todavía pasea por nosotros el reptil tan hondo y tú y yo callamos ante el conflicto escamoso que arrastra su cola amarga por ese jurásico escondido tan suyo fue como nuestro es aquel pantano es este malignamente te amo malignamente te espera esta carne desnuda que el tiempo no evapora porque sabe que vence a la fauce indefensa
LA YEGUA DE LA NOCHE “The nightmare, mare of the night...” “La pesadilla, yegua de la noche...” Robert Graves Carne que carne fue Y amada fue Y hoy es literatura. Muerte que pudo ser Y no llegó, al menos hasta ahora Que su dibujo hago Sobre este papel, efímero. Esplendor que no me estaba destinado. Hombres que no fui y no seré ya nunca, Horas que sin venir me habían antes abandonado. De día y de noche veo el alto caballo, Negro de tanto contener estas cosas, Que me observa y lo hace sin cuidarse De papeles y de manos. La franca pesadilla, su yegua pasta en mí Y tú me entiendes, Robert Graves, Bajo el suelo que guarda tu apellido.
VEO A UNA MUJER MAQUILLARSE Veo a una mujer maquillarse cualquier mujer y cambia primero está pensando en otra cosa (porque cuando una mujer comienza a maquillarse aún no ha separado este acto del resto del día) Pero luego disponiendo los objetos varios que la ceremonia determina preciosamente en su exacto lugar en torno de sus manos la mujer sabe que algo ha ingresado de nuevo a este mundo Se abstiene sin embargo de nombrar eso que viene Polvos cremas pinturas para la delicada construcción lápices que escribirán otras palabras que estas palabras que intentarán decir a la que esconde La otra como ella se ve debe ser dibujada por esta la que se asoma al espejo para verla Ella está como tímida ante su hermana mayor que insiste insiste “sácame de la nada invócame haz que nuevamente sea entre los seres las horas y las cosas haz que sea nuevamente entre los hombres sí sobre todo haz que nuevamente sea entre los hombres” Y la pequeña se somete al llamado de la grande y la saca y la dibuja en el espejo Del otro lado se queda ella colocada en el dibujo Polvos cremas pinturas lápices el instrumental es el mismo de todas las ceremonias semejantes quien fabrica estas cosas sí que sabe lo que hace Veo a una mujer maquillarse y me fascina Por su parte y como siempre la mujer sólo está fascinada por sí misma Nada ni nadie existe ni cuando se acerca al espejo ni cuando está ante el espejo ni cuando se quita de él Extraña especie tan cantada y sorda Navega por la vida atada a su poder y lo puesto en sus oídos lo colocado ante sus ojos lo concentrado en su boca la salva de caer Será por eso que ante una estamos siempre solos Enigmas de lo que no puede caer Ahora traza una línea ha dudado no por no saber sino porque conociendo el significado de la ceremonia goza de lo preliminar ahora traza una línea y divide el día en dos Ya fue hecho lo demás es desarrollo una línea azul oscura apenas un trazo sobre el ojo izquierdo que ha sido completamente transformado Ya no es un ojo humano no es el ojo que vino con ella del vientre que sabía que paría a una mujer sino un ojo de ella definitivamente suyo El ojo mira al resto en el espejo y está satisfecho parpadea para alentar a la mujer La otra la mira desde ese ojo donde ya se asoma y vigilante la obliga a lo demás Sin embargo la mujer hace una pausa a medias maquillada bebe una taza de té hay un placer en eso de andar a medias maquillada por el mundo Paralelamente es como demostrarle todavía a la otra un diminuto poder una ligera potencia que alcanza a diferirla pero que no podrá evitarla Cosa que ambas saben y agradecen Pero finalmente también el ojo derecho cambia y la otra ya ve perfectamente en el espejo ahora es ella la que ve y la primera mujer se va yendo lentamente trazo a trazo Hay unas cremas castañas untuosas con las que las mujeres cambian de piel no oscurecen la suya sino que sacan la otra piel de las mejillas la dejan asomar Ignoro por completo el nombre de ese ungüento como ignoro los nombres de los otros elementos de la ceremonia porque ellos y sus nombres pertenecen por completo al otro mundo El que convive con el del hombre en esta tierra y en la historia Nombres cosas términos precisos que no podemos comprender que vienen de otra lengua que son dichos en otra lengua mucho más sugestiva que la nuestra una lengua que está hecha para usarla en voz baja casi susurrándola Porque no pertenece al universo de las grandes expansiones sino al de la reserva al de lo íntimo lo cerrado En esa lengua hablan entre sí las mujeres y hablan ante el espejo con la otra Donde un gesto quiere decir otra cosa donde ninguna palabra se corresponde con las nuestras allí en esa lengua una mujer se maquilla y nosotros creemos que se adorna Ante el espejo todo ha sido consumado y la otra ya está en este mundo la mujer anterior se ha ido y esta es la que se mira entera Mueve alternativamente un músculo sonríe levanta o inclina la cabeza como un actor que calcula sus fuerzas y ensaya previamente movimientos Esta mujer otra mide ante el espejo sinuosidades gestos pausas A solas previas únicas estas gesticulaciones son como los arquetipos que viven perfectos en el mundo de las ideas pero luego se plasman en número Repeticiones de cada uno de estos movimientos serán lanzadas con alevosa precisión sobre el mundo de las cosas Se incorporarán a él sin perder su condición de extrañas La mujer no es sólo ella sino también sus gestos además del cuerpo ocupa el alrededor del cuerpo la habitación el lugar entero donde se encuentre Como esta mujer la otra que todavía se mira un poco más en el espejo máscara de la máscara ficción se cree que completa
DEL AMOR POR LOS BÁRBAROS Lo opuesto busca su opuesto Y en lo blanco la gota que hay de negro Crece Hasta hacer lo blanco negro Y así en lo contrario hace la gota blanca Todos deseamos lo opuesto Que encarna frente a ti De tanto en tanto Y trae su exótica religión su idea del asunto Sus distracciones sus aparentes crueldades El poco cuidado con que trata los más preciados dones Las ofrendas y regalos que destinábamos Antes A nuestro propio fetiche Tal nuestra donación Los bárbaros poseen la ingenuidad de lo que fuimos Aquello que en ellos no ha crecido nunca O bien nunca lo ha hecho en esta dirección Son lo que fue posible que fuéramos hoy y no prosperó Por eso la ternura el celo el interés que sentimos Por su aparente torpeza Su falta constante de consideración Nuestro consuelo cuando nos matan sus actos es mirarlos benignamente Y acariciar o al menos intentar hacerlo La brutalidad que destroza y que Cuando se les reprocha Sinceramente no comprenden Como no comprenderían si llorásemos delante de ellos El porqué de todas esas lágrimas se sienten inocentes Lo son nuestra es la tragedia de entenderlo Y de entender que nada podemos hacer Ni por amor ni por odio para redimir a la criatura De su condición de bárbara Este de todos los dones es quizás el más extraño Que nos dieron nuestros dioses Nuestros dioses que no existen También están esos bárbaros que se nos parecen Pero no son nosotros cuídate sobre todo de ellos Son los más peligrosos son los que realmente Llegan a tu corazón Con sus similitudes Sus engaños de los que son desde luego Totalmente inocentes Pero nadie cambia a los bárbaros Y cuando aparece su barbarie expresa su “bajeza” Su “violencia” su “impiedad” su fastidiosa negligencia extrema Ya están dentro de nosotros y es tarde Muy tarde para todo Y no se van jamás de aquello Que conquistó su impericia su malicia inconsciente Y también su destreza Largamente adquirida En combate contra otros bárbaros Seremos su triunfo la gota de alegría infantil Que dura un día La jactancia a solas que pronto se disipa Nuestras serán las ruinas las veneradas estatuas Rotas que vendimos por ellos a precio de mercado Nada o casi nada vale algo nuestro entre los bárbaros Y nuestra será la noche donde algo se incendiará Eternamente para siempre en llamas Por amor a los bárbaros
KUSTENDJE, A ORILLAS DEL MAR NEGRO A José Kozer Me decías en tu carta que es bella Kustendjé, cuando los chinos y el viento llegan del Mar Negro y que no lejos de la estación de ómnibus hay una piedra donde -te dijeron- se sentaba Ovidio cuando se llamaba Tomis y era su destierro. Nadie, la divinidad, nos salve del favor de los poderosos, que de los cambios no se salva nadie. Que ayer demolieron la última estatua de Lenín y que en Tomis él lloraba la Roma nocturna, risueña, la frívola lectura de poemas de amor, la arrepentida resaca del mediodía siguiente, cuando con otros ociosos comentaba licencias, conquistas o rechazos, en los baños o en las calles de un mundo que reía para siempre. Me decías en tu carta que todavía murmuran poco inglés y que mientras hablaba solo y espantaba las gallinas con la voz de sus hexámetros, seguía siendo Ovidio aquel viejo andrajoso, el mismo que otras ropas y cabellos y perfumes presentaron a Augusto. Que ya sabías por qué las piedras y los versos cambian, cuando cambia la mirada, así como -antes de la metamorfosis- Ovidio supo por qué la poesía le interesa a nadie.
EL HUDSON ¡Oh! ¡Y luego estar con uno mismo! ¡Estos enmudecimientos! ¡Este andar a la deriva! Gottfried Benn Cuando la tomamos demasiado en serio, la poesía empieza a tomarnos en broma: Dónde es el papel, en qué otro cielo vuela este insecto porque yo lo escribo. Por qué cadencias la madurez de su ausencia se troca en lo que ya antes sin yo saberlo era una agregada catástrofe, quizá feliz, sin que sea del todo aquí la falta del volumen y del peso, casi inconsistente pero ya medianamente cierto, éste que revolotea entre el cuarto y aquel cielo, sin duda tan entero como nosotros lo estamos de su lado. Y si no, certidumbre dime de dónde viene y adónde va su desafiante respiración que señalas como ajena y es suya aunque lejana, en trayecto. De igual modo allí están cuantos y cuanto no veo, adonde el insecto va y donde vuela... ¿Quieres cuál insecto, dime, tras esos bordes? Nadie conjura nada que no lo haya evocado. Y leer que es buscar lo que más se teme, el otro acto tan indivisible como el caballo o el hombre del centauro, no es atravesar ningún borde sino en la misma vigilia otra repentina forma; las manos que vuelven cada página abren la maleza de una ambigua selva. Atardece, es de noche en la ciénaga, ya ves como obediente a la luz que declina se ha posado a cantar en la orilla vecina, las alas contra el cuerpo, inocente de todo. Nada puede ocurrir si le acierta esta piedra. I. ¿Qué otro río es éste bajo el nombre sino el mismo río que te mata, Heráclito, en sus aguas? Las saladas y las dulces son el idéntico caudal que las transporta: una orilla es el Hudson, otra es el Ganges y hay otra orilla, además, para otros nombres. Ancho y angosto, largo y corto río del mundo al que tomamos por sus meandros: incluso el que gotea en sus sótanos profundos. Todo es la orilla: ni la rueda ni el fuego ni el lenguaje salieron jamás hacia otras tierras que no fueran esta azul Mesopotamia. Siempre atrás, siempre adelante, nunca supiste, Almirante, cuán interiores eran las aguas que cruzaste. Así es de noche y es de día en cada mitad del río. II. Qué ingenuo, viejo Hudson, el que creyó que iba a hablar de ti y del Rin y del Danubio, cuando esta noche he bebido tus metáforas como allá enfrente ¿es New Jersey? alguien bebe su vodka, su arak, su whisky, el usho de las Cícladas, el vino negro y espeso de un fuerte mediodía. El trago de tus aguas que emborrachan lleva al centro mismo de tu corriente múltiple: cuanto más quito de ella, más le devuelvo. ¿Qué relación habrá, íntimo Hudson, entre tú y este río al que veo escurrirse entre los puentes, este sí, seguro, de la estirpe del río único del que habla el primer canto? Cuánto se aclararía y se enturbiaría de saberlo, entre un juego del mundo y un juego de palabras. Pero tenía que engañarte a ti que lees o a ti que escuchas (¿dónde, en qué lugar correrá ahora, después de escrito, el poema-río?) para que con menos desconfianza me acompañaras a estos movedizos remolinos, donde como en el desorden de una sopa de letras muchos nombres se asoman y se esconden. Me pregunto también qué pasaría si estuviera a mi lado un poderoso policía, un hombre bueno, y tuviera que explicarle todo esto paso a paso, la intoxicación con agua que no está pero que sí, también ella deja su huella en el aliento y un andar trémulo y distante, es esto ya una experiencia rara en el mundo pero igualmente fácil de confundir con otras dilatadas pupilas, con otros pulsos alterados, con otras alucinaciones ¿más baratas? Ni hablar de las secuelas. Crea un hábito incontenible. En otros tiempos seguramente había quien mataba para proporcionársela (¿Me escuchas Gilles de Rais? ¿Me escuchas gran Tiberio debajo de la tierra?) O nunca hubo nadie en ese trance. Ni siquiera alguien que muriera por ella; viejo Hudson de la mente, tú que eres su objeto y su riego tendrías que saberlo y que decírmelo. Ya nadie dice “caballo” y hay un potrillo nuevo sobre el mundo. Maldice, bendice, de ahora en más el pan que lleves a tu boca sabrá a contradicción


 

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