José Antonio Antón Pacheco
Un solo libro
Un solo Libro, un solo Argumento y una sutura invisible que entreteje los significados.
Y no sólo el mundo es un lenguaje que se nos dona para su interpretación -palacio del que tenemos que saber cuál es la llave que nos da acceso-, sino también un único y mismo argumento.
Y el mismo argumento que se repite en todas las lecturas, interpreta el enigma.
Y cada fragmento es la respuesta a la voz secreta que convoca.Pues entretejen un solo libro, suturan un único poema, proclaman un mismo argumento:
el hablar concreto, de persona a persona, con el que Swedenborg figura el mundo;
la plenitud del lenguaje como plenitud de la conciencia, perpetuo ejemplo de Juan Ramón;
los descubrimientos de Saint John Perse, nuevo adán que nombra, conductor de caravanas por desiertos innominados;
Bécquer, discurso de sombras;
y Henri Corbin, abriendo continuamente el Libro por donde descienden y ascienden -cual escala de Jacob- símbolos;
y brota en el instante la palabra, y un testigo: Louis Massignon;
tienen cada uno de ellos algo que proclamar: Mircea Eliade, el bosque y la noche;
el pozo proclama el desierto, ávido de agua que empape el silencio y de alfaguara que convierta la arena en escritura feraz;
Borges, resumiendo; y D`Ors, a modo de rúbrica, y tantos otros, y tantas páginas.
Y es que la escritura es la corona de los significados. Escritura es el dibujo del vuelo del alcatraz, igual que el rasgo de la glosa. Pues de glosa hay abundamiento:
Fray Luis glosa a Job (por ejemplo), de la misma manera que el alcatraz traza su glosa en el cielo, y de la misma manera que la serpiente escribe su sierpe en el desierto (o como Confucio comenta el Libro de las Odas).Y porque se oye un rumor en la zarza, Filón reescribe la historia de los emigrantes y de los zahoríes.
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