Juan Francisco Cañones

Al borde del silencio

 

Odilon Redon: Silencio

 



DIVERTIMENTO

    	A mi hijo David

La rana
abre jabonosa
su ventana.

Del olor de la rosa
lejana,
envidïosa.

Creemos que es jabón
y es otra cosa.


MI EMBLEMA, EL GIRASOL Obstinarse en las sombras no es oficio de hombre. Sé que en el fondo guardo un aliento de luces que van buscando el alba. Así, el mundo se torna metáfora de enigmas que, aventados, refulgen en su estela de azul. Desde siempre he sabido que lo mío fue y es insistir en la luz.
MIRANDO DE REOJO (contemplación furtiva de un instante) ¿Son pájaros dormidos las hojas que en el árbol oscilan silenciosas esperando el otoño para volar a tierra? Semillas son de música esos astros altivos que destilan su calma en la noche del mundo. ¿Tu corazón es cómplice del sol que se columpia sobre el eje levísimo de un día que se extingue?
FOGONAZOS I Esa lenta presencia de la luz y sus huestes anticipa el olvido. El padre Sol nos ciega a reverberaciones y asombros de alboradas junto a muros de cal. Y agonías ocultas de pozos profundísimos donde el agua se ignora. II Excrecencia de luz en un rostro de sombra es el alma del hombre, la línea que destaca circuyendo lo oscuro en un tiempo de eclipse. Es labor de titanes acrecentar el reino que amenaza el invierno, esa tierra de nadie donde flores y pájaros son hermanos de sangre. III Hecho de tiempo, el pájaro aletea en el aire. ¿Acaso sus canciones no son en la distancia semilleros de instantes? Vivir, ¿no es embriagarse de sonidos que evocan el susurro primero de un insecto en un pétalo? Recogido en silencio, un árbol solitario se refleja en la lánguida tersura de aquel lago, adusto centinela que adivina las sombras.
DECLARACIÓN INAPELABLE Yo soy mi propia muerte. Yo soy un gallo azul sobre campos de fuego. Soy el viento, que acuna espigas indefensas y las incita al sueño de la hoz en el silo.
BESO Horizontes son labios que no encuentran amante.
DESLUMBRAMIENTO Como anillos de un árbol, tus suspiros revelan la edad de tu sonrisa. Te has ido acristalando en ese núcleo breve de transparencias últimas sin dejar de ser niña, trasluciendo inocencia.
ASENTIMIENTO Homenaje a G. A. Bécquer Leerá en mi rostro sus signos la tarde al caer, ceremonia de encuentros que el viento sella a su vez. Leerá en mis ojos destinos distantes y sed y un tejerse infinito de ansias que ayer acuné. Diré sí a la verdad de los astros: restallan de luz. Y un panal de poblados silencios volará hacia lo azul.
PRODIGIO DE AGONÍA Cifra viva del sol, la rosa se refugia en su llama aparente sin resignar su carne, suspirar de la luz, al lento marchitarse. Como la estrella tenue que la noche acorrala en una red concéntrica de círculos aleves —sólo salada espuma que en la playa del tiempo viene a desvanecerse—, así el crujir de pétalos, de tiniebla agobiados, en el secreto centro.
EL RESPIRAR DE MI ALMA Quiero volver a ser sólo enigma sin nombre, envolvente pregunta que no obtiene respuesta, ser el pájaro último que se cuelga del aire, el círculo concéntrico suscitado en el lago, la llama que devora espíritus y ofrendas, el temblor casi pánico que a la tierra sacude. Quiero redescubrir en mi carne de niebla los signos remotísimos de mi incierta evidencia, aquel entrecruzarse de ignotas voluntades por el cual estoy vivo y poseo mi aliento. Soy, pues, producto mixto de la piedra y del rayo, combinación armónica de flores y de espumas, incandescencia última de húmedas estrellas que en un mar de galaxias se disuelven en olas. Si de mi voluntad de domar huracanes extraéis deducciones que nieguen mi presencia, conciliad en mi efigie archipiélagos púdicos, el latir y la calma de los soles verbales.
REQUERIMIENTO Si he de ser prisionero en las garras del tiempo, entrégame tus labios. Cuando yo un día muera me llevaré conmigo mi cosecha de nardos. Si he de cerrar los ojos y perderme en la noche entre sombras inquietas atraparé el destello, la caricia fugaz de los tuyos, que sueñan…
SILUETAS Figuraciones sólo de un oscuro universo somos, apenas leves sombras en deriva de sueños que azaroso capricho hizo surgir un día, por más que en amplios cielos titilen las estrellas.


 

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