Inés María Luna

Día feriado

 

Dafema: Ventanas de los pajares (detalle)

 



RÍA FORMOSA

El día impone su mirada,
el canto de un verano luminoso
que anuncia ya su despedida.
Todo se va ocultando,
poco a poco,
como se oculta el día,
y poco a poco,
en movimiento lento,
todo volverá a ser.
Yo buscaré el lugar
que cada año me espera.
Será mi cuerpo
donde el mar resucite.


CACELA VELHA Quizás vivir sea esto, escuchar con los ojos cerrados, aquí donde todo es silencio, este sonido de los pájaros, y esperar que llegue el momento, en que como en las tardes de la infancia, nos sorprenda inesperado el canto del gallo, o este canto de los hombres que en la ría trabajan su hermoso canto de amor.
ALENTEJO La lluvia fina cae asomándose a las piedras. Todo en esta ciudad de casas con dinteles amarillos, permanece callado. Yo, criatura viva, oigo mi voz, sigo siendo pregunta en el silencio.
TAVIRA Después de todo, el mar, como si no bastasen las iglesias, los castillos, y estos árboles, y escuchar a Mariza, junto al quiosco de la música, cantar María Lisboa, después de todo, el mar, y un barco que nos lleva.
DÍA FERIADO Quisiera vivir todo el tiempo, pero alguien cuenta los minutos. Que hay que vivir así, eso me dicen. Yo ya lo sé, lo sé con claridad, lo sé mejor en el campo, y en la naturaleza, lo que algún día sabré, acaso con certeza dolorosa, que puede ser la vida un poco más de vida, que puede ser la vida como un día feriado.

Otros poemas


Pudo ser silencio, y el silencio era hermoso, infinitamente hermoso, pero un ansia de comprender se convirtió en palabra. Y la palabra fue el primer aullido.
El hombre quiere morir, ha decidido morir, yo le recuerdo las flores, la luna nueva y el mar. El hombre piensa callado. Ojos de infinito tristes.
Es hermosa la lluvia por la tarde, de esta tarde que puede ser cualquiera, la tarde que me trae las horas, la tarde que se lleva el tiempo. Pero yo no entiendo la lluvia, ni el vuelo acompasado de estos pájaros.
Con el alma entre sombras, el amor nos persigue como un viento que silba en la ventana. El amor, en el mar, entonces, y no saber, como ahora, de la luz, ni de la brisa.


 

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