Gustavo Pereira

Poemas

 

John Collier: Lady Godiva

 



CANCIÓN CON SOL PARA MI AMIGA

Mi amiga tiene un sol que no conozco
Un sol dentro del pecho
		que sale de sus ojos
			y me abrasa

A cada roce suyo capitulan
	  la calle la ventana y mi destino

Es como si cayeran uno a uno
	  los males de este mundo
y se alzaran en vilo los hechizos
				en el polvo

O como si mojados por la lluvia
	  se estremecieran los amantes
			alucinados de repente

Mi amiga tiene un sol desconocido
	  que me asedia en su lecho
			y me sojuzga.


LA CASA SEPULTADA EN LA ARENA Si sollozó aquí alguien si alguien aquí amó o padeció si bajo este muro resta todavía ceniza o hueso si bajo la losa corroída calla el temblor de aquella a quien la música del océano arrulló para siempre nada será olvidado Fluye suelta en el aire la vida que vivimos la muerte que abrigamos En polvo universal se desvanecen los reinos erigidos La piedra que nos mira sabe que la miramos la arena desterrada nutre el mismo destino del abismo que somos Nada será proscrito del mundo de esta casa cuyas paredes el salitre devasta y mordisquea como si derribara la desdicha Cuanto en ella pasó pasó en nosotros Si hubo arrullo o afrenta si bálsamo o catástrofe si derrota o aliento si vorágine o éxtasis o música o castigo o embriaguez o mesura Si estos espacios hospedaron el alborozo de las constelaciones o los viajes de serenos espantos nada será olvidado nada será proscrito nada será tapiado.
LA INTRUSA Yo me soñé al lado de una intrusa de ojos púrpura Era alta noche en que la mar batía y aún no despertaban las piedras de mi casa en tinieblas Apareció como aparecen en el brebaje del olvido los ácidos de una pasión maldita y recobrada Poseída por las furias ahogadas del pecado en su cuerpo temblaba el paraíso (cuando el paraíso existía) y por su boca el hielo y la ceniza El alisio la había sorprendido mientras navegaba solitaria Un sordo golpe en los arrecifes me advirtió su presencia y por un tiempo sólo el viento reparó en el naufragio terrible Pude sacarla de entre la confusión de las aguas y de las garras de la muerte Después prendí fuego y la abrigué al calor de los leños y le hice beber largamente de mi cognac En el resplandor su mirada altiva fue por un instante como de un tierno amanecer.
LOS AMIGOS NO LLEGAN Los amigos no llegan Su sol a la deriva quién sabe a qué otro rumbo se abrazó Cuando aparezcan vendrán presa de todas las tentaciones perpetradas Traerán espinas vueltas torpes dedos y hojas posesas de una lengua extraña Se habrán destronado de sí mismos y harán poro o latido cada deslumbramiento Se pertenecerán como a un rocío la hoja del amanecer y tras las puertas que cerraron quedará todavía lumbre y cristales para mirar el mundo Los amigos no llegan Cuando vengan la desdicha se habrá vuelto magnolia.
PARA DESNUDAR A UNA MUJER Para desnudar a una mujer no hace falta penumbra ni pericia ni astucia De nada valen erudición destreza brusquedad Ni siquiera sabiduría Para amanecer a su lado poco importa el arrojo el valor la treta o la artimaña De nada sirven apostura o tenacidad No hay método ni sapiencia ni sistema que puedan vencer su resolución o su mesura Para desnudar a una mujer toda presunción es inútil toda voracidad resulta amarga todo discernimiento se vuelve melancólica penuria Para desnudar a una mujer basta el instante en que el ciego misterio la envuelva y la estremezca y restaure en su pecho la incordura y sepulte su cuerpo en nuestros brazos.
RELOJERÍA ¿Quién inventó las horas? ¿Quién dividió los días en minutos segundos angustias zozobras y simplezas? ¿Quién complicó a tal punto el mundo y las pasiones? Tras los destellos siempre habrá un mañana limítrofe implacable Tras la augusta razón los imposibles La lacónica sístole de todo corazón no respeta medida Su sílaba padece la brevedad de un golpe a las entrañas y su resignación dormita para siempre en la nada El primer relojero tuvo el deslumbramiento Ninguna otra prisión alcanzaría en penuria la incordura del tiempo Nuevos esclavos se uncen a los viejos Desvanecidos en la niebla menguan o se destierran los antiguos placeres ¿A cuántos minutos de distancia hallaré la suntuosidad secreta de tu cuerpo? ¿Cuántas horas me vedan la tibieza otrora cercana de aquella locura? De oficinas de horarios de locas jornadas sin sentido Las cuatro menos cinco las veintitres y diez la estúpida carencia de sentido de centro de sosiego La paradoja de vivir más por menos Devuélvanme mis soles Restitúyanme el cosmos de la vida radiante serena y desafiante!
SOMARI ANTIDIALÉCTICO Sucede al descalabro el descalabro A la locura la locura A la migración de la nostalgia la melancolía Al olvido la eternidad Al sitio donde nada retoña el despoblado A la miseria el desamparo A los imperios otro imperio A la prosa la prosa Y a la poesía tú.
SOMARI CON CENSURA El amor (enemigo de ceremonias como diría Quevedo en su mazmorra de artimañas) tocó a este hombre por aquélla vació de contenido su expresión de inconsecuente (sólo apegado al néctar) y finalmente sonó a rebato a locura a llamas atormentadas a manos que no hallaron qué hacer ante tanta carne y a sus lobos Así pasó lo que pasó Fue lo que se supuso que sería.
SOMARI DE LA REINA O EL GOLPE DEBELADO En el turbio Café de mi barrio donde empezaba un poema para ti pasó a mi lado la más perfecta de las diosas Dio unos pasos de sílfide me miró de soslayo sonrió y se sentó (con otro por supuesto) Seguí con el poema Tú seguías reinando.
SOMARI DE LAS TENTACIONES La vida apostó a mi lado tentaciones y a todas sucumbí excepto a la amargura.
UN SOMARI PARA ROBERT BURNS Las rosas languidecían en Edimburgo cuando Robert Burns bajó de su estatua cansado de la helada y de la escarcha y de los mismos banqueros escoceses Las aguas de la bahía arrastraban témpanos y despojos y tristes ceremonias que despedían amores y botellas de rotos corazones Burns amaba las visiones Buscaba un vientre cálido donde conjurar la tristeza y un error en el traje de las apariencias Edimburgo era despeñadero de bruma O un ángel en el atardecer.


 

Cabecera

Portada

Índice