Gonzalo Fragui

Poemas

 

Franz Marc: Caballo en un paisaje

 


 

Tríptico para mi padre


			a mi padre Juan Molina
			al poeta Adelhy Rivero


I


Mi padre tiene veinticinco años
Mi madre es apenas una quinceañera
Quería ser normalista 
pero no fue posible
En la inmensidad de la montaña
recorrerá caminos solitarios para atender enfermos.

Mi padre tiene veinticinco años
monta su caballo
sin mirar a nadie
Unos tragos encima 
y un arma en su chamarra.

Mi padre es otro cuando monta en su caballo
Seguro de su juventud y su belleza
tiene una pasión desaforada por las muchachas y los retratos
aunque últimamente anda intranquilo
por esa pelirroja que ha llegado al pueblo.

Mi padre tiene veinticinco años
y no entiende de mi interés por la escuela 
ni de mi torpeza con los caballos
Mi madre lo mira con recelo
Cree haberlo visto en películas antiguas
que daban en el viejo cine de Pregonero.

Mi padre siempre tuvo veinticinco años
Mi madre, quien tiene ahora setenta,
viene a traerle café
Y entonces
mi padre
se baja del caballo
y guarda su foto en la cartera.


			
II


Esta mañana mi padre vino a visitarme
Quería saber si los ríos 
todavía se domesticaban con palabras
Quería montar a caballo
Comprar un cochino en San Miguel
Decir dos oraciones a San Antonio
Y tomarse unos tragos con San Benito.

Hoy vino mi padre a visitarme
Quería saber de los huesos del abuelo
Quería recordar el canto de algunas aves
Habló de un extraño contrabando
de navajas pico ‘e loro

Después se quedó en silencio por un largo rato

Al marcharse
Mi padre tenía la sensación
de haber realizado un largo viaje.
 
		
		
III


Mi padre me envía en busca del caballo
Desde el río observa contrariado
El caballo desea jugar
No quiere nada con lazos
Corre dando vueltas por el potrero
Cansado 
me detengo a llorar
Vicenta entonces abandona su fogón de leña
y viene a consolarme
Su cuerpo cálido me alivia
Vicenta permite que yo duerma en su falda de aliños
Yo viajo por lugares desconocidos y eternos
como los que a veces imagino desde la ventana de mi escuela
Al despertar
Vicenta se impulsa en sus poderosas piernas
monta al caballo en pelo
y se van a juguetear como dos viejos amantes

Años después
durante algunas noches
Vicenta y el caballo de mi padre quieren jugar


AVIS RARIS al Poeta Gilberto Ríos, in memoriam Por las tardes al tañido del Ángelus mi corazón se vuelve surco, huerto, campiña y me veo campesino suspendiendo la faena, cabeza inclinada y sombrero en pecho. Por las tardes un suave viento acaricia los árboles y colma de paz todos los rincones Un azul ángel alimenta los cansados bueyes y Dios nos ofrece un sorbo de agua. Por las tardes pósanse las gracias en este cultivo abierto donde vienen sin temor a jugar con las semillas unas extrañas aves, mis amigos.


 

Cabecera

Portada

Índice