Félix Morales Prado

La prima donna

 

Félix Morales: La prima donna

 


 

El gorgorito de la prima donna surcó el aire templado de la tarde describiendo hipérboles, elipses, lemniscatas, parábolas, cardioides y espirales, sorteando montgolfieres y aeroplanos y cruzando cirros, cúmulos y estratos hasta sobrevolar como una caricia suave la casa-barco del crononauta: "D'amor sul'alli rosee/ vanne sospir dolente... Com'aura di speranza/ aleggia in quella stanza:/ Lo desta alle memorie ai sogni dell'amor!". El capitán la miraba evolucionar lentamente en la hondonada tal una peonza rosa, mar al fondo, tan poética como aquel tiovivo que hacía tiempo montaron por error unos titiriteros entre las dunas y allí giraba solitario y melancólico mientras le ladraba un perro triste. Cuando la vio frente a él en la cubierta o la azotea, mirándolo de esa forma tan parecida a la del cielo, se dijo, remitiéndose sensato a su principio de realidad, que había seguido las evoluciones de la canción, no de la dama. Ella, tal vez, había subido tranquila la escalera mientras su voz creaba aquella visión mágica. El crononauta sacó una botella de champán. Bailaron. Hablaron en silencio de cosas que, es probable, hacían vanas la luz de las estrellas, los aromas del campo y de la mar y los sonidos de las criaturas de la noche. Bailaron. Se besaron. Se filtraron muy juntos hacia el lado del color de la aventura y de los sueños. Escondido cada uno en el alma del otro, una mano tapaba la otra mano.

Los sorprendió el alba sonriente
que escalaba el cielo desde oriente

(del libro El crononauta)


 

Mikolajus Ciurlionis: Sonata de las estrellas. Allegro

 

Félix Morales:
"El libador"
[Ilustración para su libro
El crononauta]

 


 

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