David González Lobo

Poemas

 

August Macke: Cabezas futuristas

 



Tú estás viendo la piedra, el vientre desnudo.
No te imaginas la casa ni a las personas.
Se pierde la argamasa, el llanto, el hambre.

Es la estrella, el agua y el aire vibrando,
una esquina desierta, un quizás, el dos posible,
el tres con forma de puerta, el vestíbulo con su hoja azul.

Tienes tres muros,
tienes todavía un niño y un arbusto en el solar.
Dibujas el suelo, una silla, una voz,

el todo con ventana, el pan, la boca.


Tú tiemblas. Te tiembla la voz, la boca y la camisa, tiemblas en el cuaderno. Tú buscas en el agua. Tú buscas en el espejo. Tú buscas en el lecho. Tú das hielo y fuego como si fueras una historia que tu madre recuerda. Tú das imán y vuelo como si fueras la demencia de tu padre llamando a sus muertos. Tú das tu cuerpo y recibes otro como la madre de tu madre y las madres todas. Recomienzas, con un dejo de ternura, a buscarlo. (A Miyen Wu)
Sí, vienes, y es posible, y compartes otra vez este hilo azul. Sí, era, o estaba de viaje: tu madre, tu padre, tu hermano entero, el que ansía, el que desespera, el que anhela techo y compañía. Tú no tienes hierba, palomas ni margaritas silvestres ni escaleras desde la tierra al mar al cielo no tienes familia ni amigos ni solicitudes Vienes y compartes otra vez este hilo azul el labio inferior, el diente partido, el ojo brillante y el oído por donde sale un pájaro suavemente, hasta que venga la muerte.


 

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