1º de enero de 1819
Las tropas que esperamos no están aquí sino en El Palmar.
Damos marcha atrás.
Las tropas no llegan.
Ya es de noche.
No son 1.200 los hombres de general Monagas, sino 400 soldados desnudos y 50 ingleses bajo el mando de Rooke.
Descienden las aguas del río
y aparecen bancos de arena
con miles de tortugas y sus huevos
de los cuales comimos
para capturar a las tortugas
basta esperar a que salgan del agua
y avancen en la arena
tomándolas por el borde
del caparazón
y tirándolas de espaldas
pierden todos sus poderes
así derribadas
y sin poder escapar
son llevadas donde uno quiera
(...)
Estoy extenuado y aún así no logro dormir
el mugir de miles de reses
el relinchar de tantos caballos
el rebuzno de cientos de mulas
el chocar de las armas el santo y seña que pasa
de una a otra partida de soldados
el ulular extraño
melancólico de los indios
que cantan reunidos
alrededor de sus fuegos
el cielo oscuro sobre el río
oprime el aire
(...)
Cuelgo mi hamaca bajo los árboles
y cierro los ojos. Sueño:
Como tempestad
que pasa por el Neguev
vienen del desierto
del país espantoso
Logro huir y estoy a salvo
en Edimburgo
la ciudad helada
Camino por el borde
de abruptos peñascos
estremecidos por los vientos
del mar del Norte
¡Ah, días inocentes de mi amada Escocia!
frías lluvias de Highlands
blancos, monótonos hielos
nieves de mi infancia
Ah, Príncipe del Mal
Ángel Caído
¿Dónde conservas tu grandeza original?
Algo me golpea y despierto con el rostro cubierto de sangre.
Un indio me da a entender por señas que el golpe fue causado por un murciélago.
Siento lo insustancial de todas las cosas, salvo mi desgracia.
(...)
Sueños llenos de horror me impiden descansar
cada animal de este país
desde el más pequeño insecto
hasta el más grande cuadrúpedo
es carnívoro
no hay vegetales
pan
leche ni granos
en realidad no hay nada
excepto carne
(...)
Nos detuvimos porque domarán caballos y mulas salvajes para poder acelerar la marcha con bestias frescas.
La doma se hace así:
enlazado el caballo
lo tumban
sujeto con fuerza
le colocan el freno
y la silla de montar
el domador sube a la silla
toma el freno
y junto a varios más
armados de garrotes
golpean al animal
en la cabeza
hasta que se levanta
una vez en pie
lo vuelven a golpear
y el caballo cae
luego lo colocan
entre dos caballos frescos
y los tres se lanzan al galope
hasta que el domado
cae
exhausto
ya está así amansado para siempre
pues su espíritu
ha sido destruido
Cabecera
Portada
Índice