Ana María Oviedo Palomares
Flor de sal
En dos tiempos distintos la palabra y el cuerpo,
la pupila y el desnudo que la crea.
Pere Gimferrer
I
I
Cómo muestro
el deseo.
Su amarga fuerza
esta vez busca la belleza.
Me conmueve una voz,
un canto áspero.
II
Callada,
aprehendo tu
agreste belleza,
claro animal sin artificio.
III
Inocente.
Separado
de las palabras
como por un seto de espejos.
IV
No dices
palabra.
Insisto en que
tu lengua sea
flor de sal
sobre mis quemaduras.
V
Habla.
Aún entre tus brazos
me cercan las palabras.
VI
Me hiere
tu pálido quehacer,
tu mudez obstinada.
Tocas mi fondo de algodón,
bello, hábil y cálido,
pero ningún secreto
logra estremecerte.
VII
Vuelo secreto.
Levedad que te separa
de mi piel
hasta que, hermoso,
te diluyes en el aire.
VIII
Dices no.
Me demoro
en el centro
del fuego y el silencio.
IX
Un ángel
es menos cruel
que mi deseo.
La culpa nada
dice sobre él y
las palabras son ciegas
ahora
que por primera vez
contemplo.
X
Hago este amor
desde el silencio.
Las palabras describen, cifran,
sellos de fuego.
XI
En las noches,
es tu desnudez mortal,
terrible,
la única luz.
XII
Aro de oro la marca de tus dientes,
mudo círculo de maravillas
que también se desvanece.
XIII
Es siempre tan ajeno
lo perfecto.
XIV
Desaparece,
amor vivo,
aún sin multiplicarte.
XV
Dejo atrás la luz.
Respiro
seda.
II
I
He soñado con prados amplísimos
donde el deseo ya no esté.
GELINDO CASASOLA
Nada es suave.
Estrecho es el prado del deseo y
demasiadas las palabras.
Si hubiera un tiempo,
un día paralelo,
podría crear otra orilla de gracia,
acariciarte
sin dañar.
II
Soy
porque tú entras en mí
y develas,
porque siguéndote
me encuentro sin espejos.
III
No el delirio del cuerpo:
su actuar imperceptible,
que hace del instinto voluntad.
IV
Amarte
hasta que el deseo
no pueda cumplirse
mas que en las palabras,
en la mirada descriptiva
sobre la vastedad de tus detalles.
V
No poder intuir
sin las palabras,
crear o romper
un lazo fuerte.
VI
Imposible
conocer en verdad
el mundo
con tu cuerpo, ese
nervioso espejo
cuya pasión, al desbordar,
deforma
y vuelve
la realidad
palabras.
VII
Prestidigitadora,
maga,
sorteo tu amor,
estas páginas.
Durante años,
como sal de tus párpados
vivos y cerrados.
Mantengo el hilo tenso.
Afino el placer,
y mi deseo es más triste.
VIII
Escarpado, difícil,
el camino hasta mí
que ya no termina nunca.
En él me siento sobre una dura piedra.
Cierro los ojos o veo pasar en fila
insectos negros.
(para david gonzález lobo)
IX
MIRO altas las hierbas.
Crecían
mientras aprendías
mi lengua.
Dura tu boca en mi boca.
Hasta la mano levantada,
agitándose,
lejos.
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