Ana M. Montero

La doncella Teodor cruza los mares:
el cuento medieval en América [1]

 

Portada de la Historia de la doncella Teodor, h. 1516-1532

 


 

Nada más connatural al ser humano que narrar historias. Nada más perdurable que este género con frecuencia considerado ligero e intrascendente. "Generación va y generación viene: mas el cuento siempre permanece" afirmaba recientemente Augusto Monterroso [2]. Certificar la resistencia del cuento al olvido y su capacidad camaleónica para transplantarse y sobrevivir en distintos contextos culturales es de lo que va a tratar este ensayo. En particular me voy a limitar a un caso singular -pero no único- que permite trazar una línea parabólica desde la España medieval hasta el Brasil de finales del siglo XX. Se trata de la Historia de la Doncella Teodor, narración que aparece integrada en la colección árabe de Las Mil y una noches [3], se traduce al castellano posiblemente a mediados del siglo XIII, engrosa los cargamentos de libros a las Indias y se imprime repetidamente en ambas márgenes del Atlántico desde mediados del XVI hasta el siglo XX [4]. La Historia de la Doncella Teodor concluye su andadura, como quien dice, ayer mismo y lo hace en dos ediciones de carácter notoriamente distinto pero ambas abocadas a una minoría lectora o quizás a la desaparición: me refiero tanto a la edición crítica -leída mayoritariamente por estudiosos de la lengua y la literatura-, como al folleto de cordel [5] -lo que se denomina "literatura de pobres" o "literatura de amplia difusión" [6]- medio éste último que testimonia mejor lo dilatado del éxito editorial de este cuento. El caso de la Doncella Teodor no es un fenómeno inusual; una trayectoria editorial muy similar es la que sigue, por ejemplo, el libro segundo de La historia de Carlomagno y los doce pares de Francia, otra novelita corta -ahora de tono caballeresco- traducida del francés a principios del XVI [7], que -como la Doncella Teodor- fue objeto de múltiples ediciones en el primer siglo de vida de la imprenta, participó a su modo en la empresa americana y se editó regularmente en pliegos de cordel, tanto en España como en América, durante casi cinco siglos. Las peripecias del caballero Oliveros y el gigante Fierabrás -al igual que las experiencias de la Doncella Teodor- llegarán a Brasil donde se siguen editando a lo largo del siglo XX [8].

Difícil razonar los factores que determinan tan prolongada existencia. Entre ellos estarían la maleabilidad de éste y otros relatos similares -en los que los editores podían variar u omitir ciertos pasajes, sin alterar su estructura esencial-, el elemento incitador de la imaginación, quizás el carácter ejemplar de personajes en apariencia débiles que acaban triunfando, así como su potencial lúdico para una población lectora que, en conjunto, no concebimos muy exigente [9]. El objetivo de esta presentación es el de analizar el periplo que recorre la Historia de la Doncella Teodor y comentar brevemente cómo se reactualiza, en momentos específicos. Para esto comenzaré con una breve introducción del texto y su evolución a través de manuscritos y ediciones. Posteriormente me detendré en dos versiones de pliego de cordel de la historia de la Doncella Teodor que nos sirven para calar este continuo proceso de remodelación: una es editada en Carmona (España) en 1865 y la segunda en Brasil en 1981.

Antes de proseguir convendría añadir algo de precisión terminológica al título de este ensayo, donde se emplea el término cuento, vocablo con el que hoy, a modo de cajón de sastre, englobamos todo tipo de narraciones breves, con una mínima trama y con un origen tanto popular como literario [10]. De eso se trata. Sin embargo, ni la Doncella Teodor, ni tampoco las historias de Carlomagno participan plenamente de todos los rasgos que en general adjudicamos a un cuento tradicional, género por otro lado de escurridiza definición. Es decir, no son originalmente relatos breves, de tono familiar y forma dialogada que suelen concluir con una réplica aguda, o una bobada, y cuyo objetivo es intentar producir un efecto jocoso [11]. Ni son relatos de creación colectiva, y si viven a ratos en la tradición oral, variando continuamente, lo que realmente les ha mantenido es la imprenta [12]. Más bien tenemos que pensar en relatos de no más de cuarenta páginas -van a ocupar entre tres y cuatro pliegos- que se encuentran a caballo entre el cuento y la novela corta, que servirían al igual que el cuento para provocar risa, admiración u ornar una conversación -como preceptuaba un autor portugués de principios del XVII [13]-, pero que por su origen culto o semiculto tendrían una función informativa o sapiencial y requerían un grado mayor de complicación formal que el cuento de efecto chistoso. Curiosamente, con cierta frecuencia, la Doncella Teodor ha sido clasificada como "narrativa caballeresca breve" [14]. Sin embargo, aunque nuestra doncella tenga mucho de heroína, difícilmente puede ser encuadrada en la temática caballeresca. Dicha afinidad puede radicar en que la Doncella Teodor cabalgó por un sendero editorial muy similar al de las verdaderas narraciones caballerescas breves. Así, cuando decaen las novelas de este género a finales del XVI, estos textos más sencillos -junto con otros de naturaleza similar- logran sobrevivir y lo hacen porque dejan de ser "textos literarios" y pasan a ser textos fácilmente editables, constituyendo así un corpus o repertorio que se va a reimprimir sistemáticamente durante unos cinco siglos [15]. Paradójicamente, el hecho de que empiecen a editarse en soportes materiales más precarios y económicos -libros más pequeños de tamaño o pliegos de cordel- es lo que les va a garantizar una existencia más dilatada y un público más amplio, especialmente en los siglos XVIII y XIX, cuando este género resurge con especial fuerza [16]. Volviendo a la insoluble cuestión terminológica, cuando dejan de ser lectura aristocrática -es decir, cuando abandonan el libro caro o el códice en el siglo XVI- estos dos textos hacen su andadura portando el título de "historia", vocablo tan amplio y proteico como cuento (o quizás romance si lo hacían en verso) [17]. Y es con esta denominación como van a propagarse fuera de la península, denominación que se reforzará en el XIX cuando se vea acompañada por epítetos como verdadera, entretenida, curiosa, etc.

La trama argumental de la Doncella Teodor es sencilla: la historia suele comenzar con un mercader arruinado que se lamenta de su fortuna. La única posesión que le resta, Teodor -una bella y discreta esclava educada en todas las ciencias-, ha de servirse de sus vastísimos conocimientos para sacar a su dueño de la pobreza. Con este fin, idea ser ofrecida por una suma astronómica al califa, quien, prendado de su belleza y discreción, decide verificar los saberes de la doncella y la somete a las preguntas de un número variable de sabios. El concurso llega a alcanzar momentos de intenso erotismo, pues la doncella -a pesar de su fabulosa memoria y su tierna edad- no deja de ser un objeto sexual. No sólo se maquilla y viste resaltando sus atributos femeninos, sino que, en algunas versiones, su derrota puede suponer el tener que realizar un desnudo en público. Varios sabios -normalmente tres en las versiones castellanas- someten a la doncella a un duro interrogatorio cultural del que ella sale siempre victoriosa y ellos humillados. El triunfo de Teodor es tal que no sólo logra mantener sus prendas en su sitio -mientras se desnudan un número variable de sabios derrotados, según las versiones-, sino que también hace rico a su dueño, con quien termina quedándose.

La primera fase española de este texto es en lengua árabe, según testimonian los dos manuscritos existentes [18]. En ellos se configura el texto como una pequeña enciclopedia de conocimientos en los que se da primacía a los teológicos [19]. Aunque no tenemos pruebas fehacientes, parece muy probable que este pseudo-catecismo coránico -donde la tierna doncella incluso menciona la obligación de la yihad o guerra santa- se tradujera al castellano durante el reinado de Alfonso X el sabio, cuando aparecen en vernáculo otros cuentos y colecciones sapienciales de origen árabe. En este apartado se debe mencionar la obra Bocados de oro, a la que se asocia eI texto de la Doncella Teodor puesto que aparece integrado como un capítulo más de esta obra en cuatro de los cinco manuscritos existentes del siglo XV [20]. Es el reinado de Alfonso X un momento de intensa apertura al mundo cultural árabe que permitió la traducción, entre otros textos, del Corán y la Escala de Mahoma al castellano (ambos perdidos en esa versión) [21]; el atractivo que podía ejercer la Doncella Teodor radicaría probablemente en sus conocimientos astronómicos y naturales, así como en la sistematización -para nosotros caótica- que hace la doncella del saber. Curiosamente no se aprovecha todavía -por lo menos en el manuscrito 17853 de la Biblioteca Nacional de Madrid- corno canal de doctrina cristiana (las preguntas religiosas son muy generales). Sea o no sea una traducción alfonsí, los primeros testimonios de la Doncella Teodor que nos han llegado son ya del siglo XV, versiones en las que el relato inicia un proceso de popularización: así el argumento se simplifica y se "desarabiza"; es decir, los personajes y contenido de las preguntas han perdido, aunque no totalmente, mucha de su impronta árabe [22].

El boom editorial de la Doncella Teodor en el XVI -Baranda cita 14 ediciones [23]- permitieron que a principios del XVII este personaje formara parte del acervo cultural, del imaginario del pueblo español. La Doncella Teodor será citada en El vergonzoso en palacio de Tirso de Molina, en La pícara Justina de Francisco López de Ubeda, y posteriormente en Escenas andaluzas de Serafín Estébanez Calderón [24]. Lope de Vega se servirá de ella para una de sus comedias. Todavía más interesante es que el humanista Palmireno admita que era uno de los cuentos placenteros con los que estimulaba la conversación, tanto en romance como en latín, entre los estudiantes [25]. Sin duda, esto pudo deberse a la multifuncionalidad de estas historias en pliegos de cordel, puesto que -dado su bajo coste- servían a los niños de libros de texto en el aprendizaje de la lectura [26], entretenían a aquellos que quizás no hubieran leído otra cosa [27], e incluso se prestaban a ejercer una cierta labor pastoral, como veremos un poco más adelante. Junto con todo esto, además, se exportaban fuera de la península.

Según Irving Leonard -en su estudio Los libros del conquistador- una obra publicada en Madrid o Zaragoza en el siglo XVI podía llegar a Manila, en el otro extremo del mundo, inclusive el mismo año de su publicación, y los habitantes de México recibían ejemplares de ella al cabo de pocos meses, a veces semanas (302). No es pues sorprendente que la Doncella Teodor, Oliveros y Fierabrás -sin más pasaporte que la voluntad de entretener y un mayor o menor barniz moralizante- cruzaran los mares tempranamente y llegaran a América. Su presencia se encuentra documentada en los inventarios de libros que pasaron a las Indias [28]. En el registro de las existencias de Juan Cromberger a su muerte en 1540 -y que se estima en parte destinado al consumo colonial- la Doncella Teodor (con 823 ejemplares) es el segundo libro más popular (en una lista de 20 textos de ficción) por detrás sólo de Espejo de caballería (107). De ahí que podamos rastrear la presencia de la doncella no sólo en Portugal y Brasil [29], sino también en las Filipinas [30]; de ahí también que se haya localizado su presencia en los libros mayas de Chilam Balam, en donde M. Parker piensa que se inserta gracias a que los franciscanos usaban la historia como parte de sus iniciativas pastorales (11-13); e igualmente ha dejado un rastro en la poesía desde Puerto Rico a Argentina [31].

¿En qué estado llega a la Doncella Teodor al siglo XIX, momento de furor rabioso por este tipo de pliegos de cordel si nos atenemos a la cantidad de ediciones existentes [32]? Sirviéndome de un ejemplar publicado en Carmona, Sevilla, en 1865 -conservado en la Universidad de Sevilla-, con el título de "Historia verdadera de la Doncella Teodor" podemos dar algunos datos significativos [33]. Una primera característica de esta impresión de 1865 es una cierta esquizofrenia cultural. Así, entre los conocimientos de la doncella se barajan los primigenios -como "las siete artes liberales, el arte de la astrología, las propiedades de las piedras, las de las aguas, las de las plantas..." (6)-, con otros más modernos, pero irrelevantes en la trama del cuento -como pueden ser dominar francés, inglés y árabe (3)-, o más del gusto de la época, como se deduce de la frase: "los adornos que debe tener una Señora bien educada" (6). Igualmente se puede detectar un público no muy exigente en el hecho de que el tercer sabio, un "judío" llamado Abraham el trovador -presente al menos desde los manuscritos del XV-, sea el que acaba haciendo preguntas que requieren una respuesta doctrinal católica. Se cristianiza el texto, pues [34], y no sólo se cristianiza, sino que también se diluye totalmente la atmósfera erótica (algo que ya se percibe en la ilustración de la portada). Así se ha eliminado el detalle picante de que aquel que perdiera el concurso, debía quedarse en público como vino al mundo. Además, las preguntas sobre el coito -en el siglo XV, la doncella explica cómo el hombre puede satisfacer a la mujer sexualmente- no debieron traspasar el umbral inicial de la imprenta y no queda rastro de ellas en esta versión [35]. El texto en el XIX tiene un cierto aire inconfundible de sencillo libro de texto para las masas; así -en un arranque de mediana originalidad, y terminada la historia-, el propio rey decide también participar con algunas cuestiones [36] sobre religión y geografía propias del temario de un curso de colegio.

Dime Teodor: ¿Qué idea tienes formada acerca de la Religión Cristiana? 
Teodor...
Rey. ¿Cuántas especies de religiones se conocen en el mundo? 
Teodor...
Rey. ¿En cuántas partes está dividida la tierra según los Geógrafos? 
Teodor... (23)

Leer el texto brasileño implica cruzar varias fronteras espaciales, temporales, sociales, culturales e incluso de género, para encontrarnos una historia de la Doncella Teodor que, aunque algo simplificada, mantiene la mayoría de los rasgos esenciales de las versiones del siglo XVI [37]. El "folheto" brasileño -el compañero de los pliegos sueltos españoles, las "folhas volantes" portuguesas, la literatura de "colportage" francesa o el "chapbook" inglés- experimenta su propio boom editorial cuando sus colegas de ultramar están desapareciendo, es decir, a partir de la última década del XIX. Y entre los temas que se publican en los folletos nos encontramos con estas viejas historias medievales, hasta el punto de que las aventuras de los héroes carolingios, de la Doncella Teodor o de la princesa Magalona serán considerados como "elementos de la cultura básica de una parte importante del pueblo brasileño" [38] (Cantel 176).

Se estima que estas historias han sobrevivido en el nordeste brasileño por la capacidad de esta zona para reproducir condiciones medievales: es decir, por la existencia de cantantes ambulantes, que, al modo de sus predecesores -los juglares del medioevo- transmiten noticias, información y entretenimiento para un público en su mayoría analfabeto que no cuenta para su esparcimiento con otros alicientes como la radio o la televisión [39]. Candace Slater, crítico estadounidense, afirma que no hay una constancia de cuándo, cómo o en qué cantidades entran estos libritos en Brasil, aunque no se hace dificil sospechar que, como en el caso de la América colonial hispana -caso en el que hay más datos-, lo hicieron con los primeros colonos y con toda seguridad a través del canal portugués (9). Estas dos obras conocen sus respectivas traducciones al portugués todavía dentro de la península: Carlomagno será traducido por Jerónimo Moreira de Carvalho y editado en Lisboa a lo largo del XVIII (en 1723, 1728, 1737, 1789, Cascudo 44-5). Carlos Ferreira traducirá, en torno a 1712, nuestro texto oriental bajo el título: História da Donzella Theodora em que trata de sua grande fermosura e sabedoria, aunque se sospecha que hubo ediciones desde principios del XVII. La última será editada en Lisboa en 1956 [40].

Y ya en Brasil, las dos obras conocerán una nueva refundición a finales del XIX y en el XX, cuando los poetas del nordeste las versifiquen -como es habitual- en estrofas de seis versos. El texto medieval lógicamente sufría una mayor o menor naturalización en este proceso de apropiación [41]. La historia de la Doncella Teodor sobrevive, sin embargo, sin grandes cambios; el poeta Leandro Gomes de Barros se encarga de decir -en la última estrofa- que la ha sacado de un gran libro y que lo único que ha aportado es el esquema rítmico.

Caro lector, escrevi 
tudo que no livro achei 
só fiz rimar a história 
nada aquí acrescentei 
na história grande dela 
muitas coisas consultei. [42]

Sin embargo, uno puede captar latente pequeños detalles del trasfondo local, corno es la dicotomía ciudad-zona rural de la realidad de los lectores. Así, se especifica del dueño de la doncella que es un vendedor ambulante, y que tenía un alma pura y constante, mientras que alguno de los sabios, ahora, proviene de la ciudad [43]. El personaje de "Abraham el trovador" vuelve a sufrir una cierta dislocación cultural al convertirse en lo que en Grecia se llama un profesor de urbanidad [44]. Esa cierta esquizofrenia cultural es también evidente en la portada brasileña de la Doncella Teodor donde aparece la fotografía de una bella joven, de cabello corto y rizado, que toca con su mano una flor en el pelo mientras mira, algo esquinadamente y con coquetería, hacia arriba. Dada la ubicuidad o multifuncionalidad de las portadas de esta literatura barata, no puede sorprendernos demasiado esta elección.

Curiosamente -a pesar de que el factor religioso es importante en la literatura de cordel brasileña- en ninguno de estos dos textos se recurre a la nota católica, más bien se solapa [45]. Lo que sí podemos percibir es que estas obras sobreviven por su potencial lúdico, al que todavía no me he referido y que posiblemente tiene una mayor capacidad atemporal. Así desde las primeras versiones en castellano, hasta la versión brasileña, encontramos que se conservan algunos de los enigmas y acertijos con el que la doncella derrota a algunos de los sabios; entre ellos resulta curioso la referencia a las dieciocho señales de la mujer hermosa:

[Versión brasileña]
 
o a donzela disse: 
para a mulher ser formosa 
terá dezoito sinais... 
Ha de ter 3 partes negras
de cores bem reluzentes 
sobrancelhas, olhos e cabelos 
de cores negras e ardentes 
branco o lacrimal dos olhos 
ter branca a face e os dentes
Será comprida em 3 partes 
a que tiver formosura 
compridos os dedos das mãos 
o pescoço e a cintura 
rosadas cútis e gengivas; 
lábios cor de rosa pura
Terá 3 partes pequenas 
o nariz, a boca e o pé
largas cadeiras e hombros 
ninguem dirá que não é; 
cujos sinais teve-os todos 
uma virgen em Nazaré. [46]

La versión que se publicó en Carmona en 1865 tiene el mismo sabor:

Doncella. Ha de tener diez y ocho señales, que son estas que os diré: ha de ser larga en tres lugares, corta en tres partes, prieta en otras tres; ancha en otras tres, colorada en otras tres, y blanca en otras tres.
Sabio. Te suplico me espliques minuciosamente cada cosa de las que has dicho.
Doncella. Os daré gusto en ello, señor, y así os digo, que para ser hermosa ha de tener el cuerpo, el cuello y los dedos largos: ha de ser pequeña la nariz, la boca y los pies: ha de ser blanca en la cara, en el cuerpo y en los dientes: ha de ser prieta en los ojos, en las cejas y en las pestañas; colorada en los carrillos, en los labios y en las encias; y debe ser ancha en los hombros, en las caderas y en las muñecas. (16)

Y muy similar es la paráfrasis del siglo XV:

E otorgó con ella el físyco e dixo: "Doncella, dezitme quáles son las señales para muger ser fermosa?" E dixo la doncella: "Aquella muger es fermosa que es señora de diez e ocho señales." E dixo el físyco: "Dezitme, ¿quáles son estas diez e ocho señales?" E dixo la doncella: "La que es luenga en tres, e pequeña en tres, e ancha en tres, e blanca en tres, e prieta en tres, e bermeja en tres." E dixo el físico: "Dezitme cómo es esto." E dixo la doncella: "Luenga en tres, que sea luenga de estado e que aya el cuello luengo e los dedos luengos. Blanca en tres: el cuerpo blanco, e los dientes blancos, e lo blanco de los ojos blanco. Prieta en tres: cabellos prietos, e los prieto de los ojos prieto, e las cejas prietas. E bermeja en tres: mexillas bermejas, e beços bermejos, e enzías bermejas. E pequeña en tres: boca pequeña, e nariz pequeña, e los pies pequeños. E ancha en tres: ancha de caderas, e ancha de espaldas, e ancha la fruente. E que sea muy placentera a su marido e muy ayudadera e que sea pequeña de hedad". [47]

En esta misma línea, se repiten otras adivinanzas o pasatiempos verbales como el acertijo del animal que tiene ocho señales de otros ocho animales o el chiste misógino de las edades de las mujeres.

 

CONCLUSIÓN

La Historia de la doncella Teodor,así como la Historia de Carlomagno y de los doce pares...-dos obras de raíz medieval no peninsular-, se manifiestan como textos poliédricos desde su mismo origen [48]. En particular, en manos de los editores a partir del XVI, inician entonces un proceso de popularización, valga decir también globalización, que los lleva a trasvasarse y convertirse en un legado literario no sólo español sino de otras culturas, como es la brasileña del siglo XX.

El caso de la Doncella Teodor -la historia de una mujer culta enfrentada dialécticamente a diversos sabios- es particularmente singular, pues no sólo perdura en la memoria del pueblo a lo largo de los siglos, no sólo logra cruzar fronteras físicas e idiomáticas, sino que además se bandea entre diversos terrenos: va de lo culto a lo popular, de lo misógino [49] a lo feminista, de la prosa a la poesía y al teatro. Reproducir todos los avatares y fases intermedias de estos textos resulta una aventura casi imposible, pero tiene el interés de enfrentarnos a toda una serie de cuestiones sobre fenómenos editoriales, recepción, público y gustos literarios. Nos permite comprobar, retomando el discurso de Augusto Monterroso con el que se abría este ensayo, que "el cuento se defiende solo".


 

BIBLIOGRAFÍA

 

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BIBLIOGRAFÍA PRIMARIA DE LA HISTORIA DE CARLOMAGNO Y DE LOS DOCE PARES...

A prisão de Oliveiros. Ed. Leandro Gomes de Barros. Funape: Ministerio da Educação e Cultura; Secretaria da Educação e Cultura do Estado da Paraíba, 1981?

Historia del emperador Carlo Magno, en la qual se trata de las grandes hazañas, y proezas de los Doce Pares de Francia, y de cómo fueron vendidos por el Traydor de Ganalon; y de la cruda batalla que huvo Oliveros con Fierabrás, Rey de Alexandria. Trad. Nicolás de Piamonte. Barcelona: Rafael Figuero, 1708.

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-----. "Una nueva versión en árabe granadino del Cuento de la doncella Teodor". En Prohemio II (1971): 331-365.


 

NOTAS

 

[1] Este ensayo deriva de una ponencia presentada en el congreso internacional organizado por McGill University y Universitas Castellae bajo el título ¨La cultura hispánica en sus cruces transatlánticos" (Valladolid, España, 28-30 de junio de 2004) y fue publicado en las actas de dicho congreso por los editores Ricardo de La Fuente Ballesteros y Jesús Pérez-Magallón en la Colección Cultura Iberoamericana (Valladolid: Universitas Castellae, 2006). Agradezco a David González Lobo su confianza e interés por difundirlo de nuevo. Igualmente, estoy en deuda con doña Covadonga Lucio-Villegas Menéndez, bibliotecaria de la Universidad de Sevilla, sin cuya extraordinaria y amable ayuda, este trabajo no habría sido posible.

[2] Véase su discurso para la ceremonia de entrega del premio Príncipe de Asturias titulado: "El cuento siempre permanece" y publicado en el periódico El País el 28 de octubre de 2000.

[3]  Véase la edición de Juan Vernet citada en la bibliografía primaria. No hemos podido certificar en qué momento se integra el relato de la doncella Teodor en Alf Layla wa-Layla (Las 1001 Noches). Ni en la temprana recensión que recopila Muhsin Mahdi, ni en la más popular de Galland, publicada entre 1704 y 1717, se encuentra este relato.

[4] Un estudio pionero sobre la diferentes versiones de esta obra es el de Margaret Parker (véase bibliografía), quien llama la atención sobre este fenómeno de perdurabilidad del cuento. El libro de Parker no es fácil de encontrar y no parece haber encontrado gran eco. Consideramos que damos un paso más al enfocarnos en las versiones de pliego de cordel de la Historia de la doncella Teodor tanto de origen brasileño como español.

[5] Como edición crítica, contamos con la de Nieves Baranda y Víctor Fuentes en la colección Narrativa Popular de la Edad Media (Madrid: Akal, 1995). Ejemplos de ediciones en pliegos de cordel constan en la bibliografía primaria.

[6] Miguel Ángel Frontón cita estas dos caracterizaciones: la primera acuñada por Julio Caro Baroja -"lo que llamamos literatura de cordel es una literatura de pobres o para gente pobre sobre todo"- y la segunda propuesta por Moll (47).

[7] Según Márquez Villanueva, la traducción -llevada a cabo por Nicolás de Piamonte- debió realizarse durante el reinado de Carlos I. La primera edición aparece en Sevilla en 1525 y vuelve a reimprimirse en la misma ciudad cinco veces antes de 1550 (96). Hay que precisar que bajo el título de Oliveros y Carlomagno se englobaba una variedad de relatos distintos.

[8] Las versiones utilizadas para este ensayo se titulan respectivamente: Estória da Donzela Teodora y A Prisão de Oliveiros (A Prisão de Oliveiros reproduce parte del libro segundo de La historia de Carlomagno y los doce pares de Francia). Ambas obras tienen como versificador y adaptador al poeta Leandro Gomes de Barros (1865-1918), son publicadas por las "Filhas de José Bernardo da Silva" e impresas en la "Lira nordestina, rua Santa Luzia, 263-juazeiro do Norte" en 1981. Al final de ambas obras aparece una fecha posiblemente de publicación: 08/04/1981 en el caso de la Estória da Donzela Teodora y 29/04/1981 para A Prisão de Oliveiros. Dichos ejemplares pueden ser consultados en una de las bibliotecas del CSIC en Madrid (véase http://aleph. csic. es).
En este ensayo vamos a dedicar una atención menor a La historia de Carlomagno y los doce pares de Francia, texto del que esperamos dar cumplida información cuando el estado de nuestra investigación sea más avanzado.

[9] F. N. F. Borges -profesora de literatura brasileña de la Universidad Federal de Paraíba- justifica la pervivencia de la historia de la doncella Teodor en el nordeste brasileño por la belleza e ideales de justicia y honradez que encarna la doncella (2000: 288). Lo explica también con el siguiente razonamiento en su artículo: "'Folhetos de feira' movem a imaginação popular" (publicado originalmente en http://www.secrel.com.br/jpoesia/lfneuma.html y disponible en la actualidad en http://www.revista.agulha.nom.br/1fneuma.html): "A estrutura profunda, formada pelas antinomias básicas (SABEDORIA vs. IGNORÂNCIA; JUSTIÇA vs. INJUSTIÇA e HONRA vs. DESONRA) que são de caráter universal, associadas aos traços marcantes da oralidade, à recorrência aos enigmas e adivinhações, ao processo de escritura e reescritura, à diversidade de editoras, vêm assegurando a permanência dessa sedutora estória".

[10] Existen múltiples términos para caracterizar y acotar las narraciones breves medievales. Hablamos de ejemplo, castigo, milagro, fablilla, fábula, facecia, etc. Incluso "cuento" a comienzos del siglo XVI es ya un vocablo usado. Así, un manuscrito de la Historia del emperador Carlomagno de 1503 -como se reseña en la base de datos de la Universidad de Berkeley, Philobiblon- comienza con "Señores, ahora escuchad y oiréis un cuento muy maravilloso". En una breve síntesis, Nieves Baranda recopila las siguientes definiciones de críticos modernos: "Roger Pinon señala como rasgos distintivos del cuento el ser un relato puramente estético, no tener localización espacial ni geográfica y el superar la experiencia real por medio de las palabras, además, el protagonista es un héroe que invariablemente vence. Para Stith Thompson lo definitorio del cuento es la naturaleza tradicional del material, rasgo que, como bien sabemos, comparte con otros muchos géneros. También resulta excesivamente amplia la definición que ofrece Anderson Imbert, aunque aporte varios matices característicos de estos textos" ("Noticias", p. 209).

[11] Parafraseamos aquí la definición de Chevalier (en Hernández Valcárcel, p. 29), definición que correspondería, por ejemplo, al primer cuento impreso en la literatura española titulado: "Cómo un rústico labrador engañó a unos mercaderes".

[12] Aludimos a la siguiente definición de cuento popular, cuento folklórico o cuento de tradición oral que aporta Julio Camarena: "una obra en prosa, de creación colectiva, que narra sucesos ficticios y que vive en la tradición oral variando continuamente" (31).

[13] Pasaje citado en Orígenes de la novela III, de Menéndez Pelayo (150-152), y comentado en Hernández Valcárcel (25-28).

[14] Palau llama al texto de la Doncella Teodor: "crónica novelada que algunos clasifican entre los libros de caballería" (volumen IV, p. 514). Irving Leonard expande el término "romances of chivalry" de forma que incluya "all works of fanciful and exotic adventure" (1933, p. 15) e incluye la Doncella Teodor a pesar de que, como hace constar en la nota 55 de la p. 22, no encaja, por su brevedad y temática, en el apartado caballeresco. Sin embargo, era también "una historia fingida". Víctor Infantes es el que apoya la constitución del género editorial de la narrativa caballeresca breve donde entraría el tipo de cuento que conforma la historia de la Doncella Teodor (1996). Consecuentemente constatamos que en su "Compendio bibliográfico sobre la narrativa caballeresca breve," Nieves Baranda incluye la Doncella Teodor (1991, p. 185).

[15] Véase al respecto el análisis de Víctor Infantes (1996, pp. 130 y 132). Infantes adjudica a los relatos breves caballerescos las siguientes características: corta extensión (en comparación a los libros de caballería); origen medieval, ya sea europeo o español (son traducciones o revisiones de romans medievales preparados específicamente para la imprenta); predominio de la voluntad de narrar por encima de cualquier otra, si bien casi todas tienen un final moralizante; estructura narrativa lineal y sencilla con abundancia de motivos folklóricos, vocabulario simplificado y estructuras lingüísticas repetitivas. Como ejemplos se pueden aducir: Historia de los dos enamorados Flores y Blancaflor, Vida de Roberto el Diablo, Historia del noble Vespasiano, Crónica del Cid Ruy Díaz, Crónica del conde Fernán González, Historia de la Poncella de Francia, Historia de la linda Magalona y el caballero Pierres de Provenza, Historia de Paris y Viana, etc. (tomado de la síntesis de N. Baranda en su artículo: "Las historias caballerescas breves", pp. 47-48).

[16] Frontón apoya la opinión de Margit Frenk, según la cual: "el acceso a los circuitos de la literatura culta por parte de los estamentos inferiores sólo se efectuó a fines del XVI, tras el fracaso como clase de la burguesía. En el caso concreto de los libros de caballerías, [Margit Frenk] se muestra partidaria de la hipótesis -rechazada por Chevalier- según la cual aquellos libros fueron, en la primera mitad del XVI, entretenimiento privativo de la aristocracia, pero luego conquistaron públicos más populares" (43).

Más adelante puntualiza algunos detalles de la cronología de este proceso: "El lento proceso que fue llevando a la literatura caballeresca desde una audiencia cortesana hasta un público popular tiene uno de sus jalones fundamentales en el siglo XVIII. El gran libro de caballerías renacentista desapareció cuando cumplió su ciclo vital, pero muchas obras cortas, en su mayoría traducciones del francés, pervivieron. [...] Rodríguez-Moñino fue el primero en destacar esta permanencia de la literatura caballeresca después del Siglo de Oro, no "advertida" por los críticos porque fue el pliego suelto su nuevo vehículo editorial. [...] El siglo XIX marca el momento en que la literatura caballeresca alcanza definitivamente una amplia aceptación en las capas populares" (46-49).

[17] "Historias es el nombre genérico que recibía, por parte de editores y lectores, la literatura narrativa de cordel en prosa -el título de las obras solía comenzar con esa palabra" (Frontón, nota 44).

[18] Uno de los manuscritos se conserva en la Real Academia de la Historia de Madrid (ms. Gayangos 71) y es una copia de un manuscrito perdido realizada por Gayangos a mediados del siglo XIX en Tetuán. La obra se titula: Historia de la doncella Teodor, y de lo que la aconteció con un estrellero, un ulema y un poeta en la corte de Harún Ar-Raxid. Menéndez Pelayo ofreció una traducción parcial de Asín Palacios (Diccionario filológico, p. 628). La traducción que da Parker del título de esta versión es ligeramente distinta: The Story of the Jriya Tdr and What Happened to Her with the Astrologers, the Philosophers and an-Nazzm in the Presence of Harund al-Rasid (3).
La segunda versión en árabe, titulada Cuento de la Doncella Teodor, ocupa los folios 75v-100r en la colección de cuentos del manuscrito, aparentemente sin fecha, A-5-20 de la Biblioteca de la Escuela de Estudios Árabes (Diccionario filológico, p. 628). Vázquez Ruiz lo describió en su artículo de 1952 y posteriormente editó su traducción al castellano.
Ambas versiones, asociadas a Abu Bark al-Warraq, célebre escritor del siglo II de la Hégira, estarían emparentadas con la "Historia de la esclava Tawaddud" contenida en Las 1001 Noches.

[19] De acuerdo con las opiniones de algunos críticos -recogidas por Parker (17-21)- la historia de la doncella pudo tener en su base disputas religiosas entre distintas sectas islámicas.

[20] Véase el artículo de Emily Francomano, quien razona la conexión entre ambos textos.

[21] Alfonso mandó traducir "toda la secta de los moros" según el testimonio de don Juan Manuel, en su Libro de la Caza (4).

[22] Por ejemplo, del mercader, dueño de Teodor, todavía se dice que era "oracionero en las cinco oraciones". Otros ejemplos son aducidos por Harriet Goldberg (221).

[23] Según Baranda ninguna de las impresiones de la historia de la doncella Teodor proviene de los manuscritos hoy conocidos de esta obra, "lo que quizás implique que la primera versión para la imprenta se elaborara 'especialmente' con este fin" (Narrativa popular: 13). Por otro lado, Rivera estudia la transformación por parte del primer editor en el XVI, Hagenbach, de este cuento "into a 'popular text' capable of satisfying the interests of early modern readers" (419).

[24] "Tengo más respuestas y acertijos que la doncella Teodor" es lo que dice un personaje. Véase Baranda: Narrativa popular, p. 11.

[25] Véase Baranda (Narrativa popular, p. 11 y 19), y su artículo en la revista Anthropos, pp. 49-50.

[26] Esta es la opinion que recoge Frontón: "Muchos niños, hasta después de 1700 por lo menos, aprendían a leer en estos extremadamente baratos libros de texto" (nota 38).

[27] Estos textos solían llevar un cierto garante de moralidad. En el caso de la doncella Teodor, determinados críticos han opinado que "the survival of the text was due in pan to the text's affiliation with 'the wisdom literature category'" (Parker, p. 120; Rivera, p. 415). En el caso de Carlomagno, Piamonte se encarga de dejar bien claro las motivaciones éticas de su traducción en el prólogo de la obra: "El doctor de la verdad el Sr. S. Pablo: dice, que todas las escrituras fueron hechas para nuestra enseñanza [...] y otras [escrituras] nos relatan, y dan noticia de la pulida Retorica, la sabrosa arte Oratoria, las grandes hazañas, y Cavalleros de nuestros antepasados, contando las proezas de los unos, y los vicios de los otros, porque los unos fuesen exoemplo para bien hacer, y los otros causa de reglar nuestras vida, y encaminarlas al puerto de la salud, y para inclinarnos á hacer grandes hechos, queriendo remedar á nuestros antecesores" (prólogo de la edición de 1708).

[28] De la doncella Teodor afirma Leonard que: "more than 850 copies of this little book have been counted in the registers from 1583 to the end of the century" (1933, p. 22), de lo cual da varios testimonios por medio de inventarios.

[29] Francisca Neuma Fechine Borges consigna unas veintiocho ediciones portuguesas, siendo la última editada en Lisboa en 1956 y la primera en 1712; ésta portaba el título História da Donzella Theodora em que trata de sua grande fermosura e sabedoria, y fue traducida por Carlos Ferreira. Es probable, sin embargo, que ya hubiera ediciones portuguesas antes del XVIII, puesto que Vázquez Ruiz cita según el catálogo de Thorp: Acto de un certamen político que defendeo a discreta doncella Teodor no reyno de Tunes (Lisboa, 1658) (1971, p. 332) -que es sin duda traducción o extracto de la versión castellana- y dice que hubo de haber una traducción más antigua pues aparece prohibido el Auto ou Historia de Theodora donzella en el "Índice expurgatorio" de 1624 (1971, p. 332). Borges consigna también unas doce ediciones sólo en el siglo XX en Brasil.

[30] Existen versiones en tagalo, tales como: Buhay na pinagdaanan ni Doncella Teodora: na ito, i, binili at naguing parang anác ng isáng mercader na si Crispulo asaua ni Leoncia sa Cahariang Darmacia, la cual fue publicada en Manila en 1921 por el impresor J. Martínez.

[31] Algo similar ocurrió con las historias de Carlomagno; de ella dirá Leonard que fue la que "gozó de mayor longevidad en la América hispana" (1979, p. 315). Uno de los testimonios que alega Leonard es que se cita la Historia de Carlomagno en El Periquillo Sarniento, lo que demuestra que su lectura era todavía popular (bien que se alecciona contra su lectura). También afirma que un folclorista argentino encontró antiquísimas ediciones de la obra en muchas casas de los distritos rurales de la provincia de Tucumán (1979, p. 315). En Romances of Chivalry in the Spanish Indies, Leonard recuerda que en los inventarios de los cargamentos de libros, la Historia de Carlomagno podía venir consignada simplemente como Piamonte (16).
En España, en las colecciones de pliegos en verso del XIX, se localizan Romances de Carlo Magno con fragmentos de la historia, como por ejemplo: "Cruel batalla que tuvo el valeroso Oliveros con el esforzado Fierabrás de Alexandria" (véase bibliografía). Su propia fragmentación sugiere que la historia en el XIX seguía siendo bien conocida.

[32] Según Baranda la compleja transmisión editorial de este texto se desarrolla en el XVI "en cuatro versiones, que derivan una de otra hasta comienzos del XVII, triunfando una de ellas, la cual perdurará hasta los inicios del XX" (Narrativa popular, p. 47). En su artículo en La Corónica (1993-4), Baranda da el siguiente número de ediciones: 14 impresiones en el XVI, 8 en el XVII, 6 en el XVIII, 22 en el XIX y 2 en el XX.

[33] Esta obra consta de tres pliegos, o veinticuatro páginas, y se edita en la "Imp. y lib. De D. José M.ª Moreno, calle de Madre de Dios, núm. 1". En la portada aparece una ilustración con un rey sentado en un trono; a su derecha se encuentra la doncella y a su izquierda un sabio. En la página 14 hay una segunda ilustración de la figura de un hombre, de cuyos órganos salen flechas que los conectan con los signos del zodíaco y con varios planetas.

[34] Hasta el punto de que muy posiblemente servirá de fuente de inspiración para otro pliego de cordel -La Enamorada de Cristo María Jesús de Gracia- donde otra niña esclava, también prodigio de sabiduría, aunque ya sólo religiosa, intentará mediante un concurso de preguntas ante un canónigo ganar su dote para entrar como monja descalza. Este segundo texto es en sí fascinante, pues se hace una defensa de la dignidad de la mujer, pero dejando bien claro que no puede alcanzar el rango de sacerdote.

[35] Hay que recordar que la obra había sido anteriormente censurada por la Inquisición.

[36] Quizás esta adición provenga de la edición de Zaragoza de 1540, donde el rey hace algunas preguntas sobre confesión, misa y sacramentos. Este rasgo se introdujo en la versión brasileña de João Martins de Athayde (Parker, p. 77), pero no en la que conocemos de Leandro Gomes de Barros. También se añadieron preguntas en la versión "nueuamente corregida, é historiada, ordenada por Francisco Pinardo" -véase la portada de esta edición de 1643 reproducida por Baranda en Narrativa popular, p. 17-, aunque en este caso las preguntas versaron sobre el matrimonio.

[37] El autor de esta versificación es Leandro Gomes de Barros, aunque, en la primera página del texto, aparece también el nombre de João Martins de Ahayde [sic], quien publicó folletos de Gomes de Barros bajo su nombre. Como se informa en la contraportada: "este cordel foi composto e impresso na 'Lira nordestina, rua Santa Luzia, 263-juazeiro do Norte.'" Margaret Parker se sirve de la versión de Barros publicada por Cascudo en Cinco livros do povo -de la cual da una traducción al inglés- y comenta brevemente sus diferencias con la versión de João Martins de Athayde (76-77).

[38] Incidentalmente y a propósito del mítico héroe francés, Roldán, se escucha decir a un crítico: "el Roldán que está muerto en la memoria folklórica de Francia, por la que luchó, y de España, donde murió, vive invencible en la poesía cantada del Norte de Brasil" (Cascudo, p. 48).

[39] Entre las influencias para el género de la literatura brasileña de cordel, Slater menciona: la literatura portuguesa de cordel, los romances orales, los desafíos poéticos brasileños o concursos de improvisación, material bíblico, tradiciones indígenas, etc.

[40] Véase nota 29 en este trabajo. Slater puntualiza que la librería Garnier, una de las casas editoriales francesas dedicadas a la publicación de la literatura de cordel, "began importing quantities of Portuguese pamphlet literature toward the middle of the nineteenth century" (9).
Como curiosidad en España se edita una de las últimas versiones en 1910, en Madrid ("Post Mettmann", p. 84), mientras que una de las primeras fue comprada en Medina del Campo por Hernando Colón en 1521 (Palau IV, p. 514).

[41] Véase el artículo de Cantel, p. 179.

[42] Traducción mía: "Querido lector, escribí/ todo lo que en el libro encontré./ Sólo hice rimar la historia./ Nada aquí añadí./ En la gran historia/ muchas cosas encontré".

[43] "Houve no reino de Túnis/ um grande negociante/ era natural de Hungria/ negociaba ambulante/ a quem porfia chamarse:/ uma alma pura e constante. [...] O rei mandou chamar logo/ um grande sabio que havia/ o instrutor da cidade/ em fisica e astronomia/ em matemática e retórica/ história e filosofia."

[44] Se nos dice que "Abraão de Trabador" era otro sabio "a quem chamavan na Grécia/ profesor da criação".

[45] Algo muy similar percibimos en la versión brasileña de Carlomagno. La visión religiosa -una parte importante de la historia manifestada a través de las conversiones de los personajes y las reliquias- no recibe apenas atención. Son los lances bélicos o los episodios chistosos -es decir, lo más entretenido- lo que emerge principalmente.

[46] Traducción mía: "Entonces la doncella dijo:/ Para que la mujer sea hermosa/ ha de tener dieciocho signos.../ Ha de tener tres partes negras/ de colores bien relucientes/ cejas, ojos y cabellos/ de cálido color negro/ tener blanco el fondo/ el lagrimal de los ojos/ blanca la cara y blancos los dientes./ Será larga en tres partes/ la que tenga hermosura/ largos los dedos de las manos/ el cuello y la cintura;/ rojos labios y encías/ labios color rojo fuerte./ Tendrá tres partes pequeñas,/ la nariz, la boca y el pie;/ largas caderas y hombros;/ nadie dirá que no es/ la que tiene todos estos signos/ una Virgen de Nazaret".

[47] Tomamos la transcripción de M. Parker de un fragmento del manuscrito 17853 de la Biblioteca Nacional de Madrid (37).

[48] Rivera estima que "while devotional, moralizing and historical works accounted for much of the book production in the first century of the press [...] by the late fifteenth century publishers in Castile had already begun to tailor their production to books of a popular nature. [...] Imprints of chivalric tales, compendia of saints' lives, imaginative fiction, guidebooks and story collections began to dominate book production". También apunta que se estimulan aquellos textos que proporcionan "guidance for the individual to adjust to the world and the society around him" (418), de ahí, por ejemplo, que en la edición de la doncella Teodor del editor Hagenbach (1500-1503) se introduzca información sobre labores del campo e higiene personal sacada del Repertorio de los tiempos de Andrés Li (420-421). Esta información llega muy limitada a la versión en cordel de Carmona.

[49] Además de algún chiste misógino, de la mujer dirá la doncella: "Su condición es de bestia que nunca se harta" (pliego de Carmona, página 19).


 

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