Ana C. Saavedra

Poemas

 

William Merritt Chase: Joven frente al espejo

 


Del viento en las ventanas de una murmuración en el meandro más el tejido del sosiego. De una aurora con los árboles el tiempo con la vida la mujer y su sombra atravesando el agua. Una imagen lucífuga que come la flama de las velas. Del viento sereno  que marchó con una tempestad y el silfo que levantó la página del libro donde estaba la palabra de la luz. Mujeres que hilan besos para abrigar el frío con recuerdos.   Así son estas horas tan cerca del olvido. El pasado con ventanales modernos, el juglar en el centro de una plaza que subsiste, los subterráneos de la escuela de artes, el rastro sobre el pavimento. Una mujer con olor a jabón de hotel, una cama a medio hacer, /cama de prisas/ Los tiempos se suceden arbitrarios sin segundos el instante es la totalidad de una exegesis. Las bocinas, los estallidos, el tumulto un hombre que sale de la tienda descalzo la niña jugando con el agua alucinada caminando remisamente con su vida en blanco y negro. Una calle apresurada un lugar para dimitir.
De un amanecer nublado hacia lo transitivo, los sentidos en la realidad la palabra amar recurrente inadvertida, la insólita verdad que vienes a decirme /mientras a medio hacer el oficio de la ternura/ Llueve sobre este mundo antiguo las huellas del retorno quedarán en las riberas de ríos pequeños, el apocalipsis quedará fresco en la estación más húmeda. El frío en los parajes de un exilio que presiento, se hundirá en la desesperada forma de la ausencia. Estar aquí es tan lejos como no llegar nunca.
Razones donde estalla el agua con las piedras el país como una construcción de un genio absuelto un taumaturgo en la imaginación. Sánscritas voces metidas en el cajón de un instrumento antiguo una lleva la ilusión del mundo. ondinas imágenes de mujeres que salen de las aguas un rehielo colosal para quedar adheridos a pesar del frío.
Es tiempo de espejos   rasgos del alma que se repite. Dentro del espejo no puedo tocarte fuera de él eres tan solo un hombre que mira su nariz.  Narciso y lago.                                               /Lago de vidrio/ rompes la imagen.
La lluvia arrastra al río mueve las raíces de lugar se lleva el alma a las profundidades nos deja desolados en la larga noche del desvelo. Trazando en las aguas las formas que se desvanecen abandonando la ribera para marchar con ella al otro lado inundando la memoria de furias y episodios perdidos convirtiendo el paisaje en un soliloquio de corrientes tempestades que se guardan en palabras que nunca dijimos en la espectral despedida donde se encuentra la disgregación. La caída del cielo se transforma en cristales que iluminan los adioses en un hombre en una mujer en un trueno que estalla en ambos pechos.


 

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