José Ordóñez García

Neckar

 

Caspar David Friedrich: En un velero (detalle), 1818

 


 

No es el río del olvido, pero me lleva a ella desde él. Del Guadalete al Neckar como una conjunción imposible. Entre ambos ella que es de él, del Guadalquivir, unidos por el del pobre loco habitante de la torre a su orilla.

Introdujo sus pies en el río como quien se introduce en una larga historia, como quien alberga la esperanza de curar o aliviar los males que el amor le deparó en sus trajines. Ahora la amo yo, con la misma locura, la misma devoción de Hölder... y en su río siento la felicidad y todo el amor al que juré no albergar más, al que fui despreciando en aquellas escasas oportunidades que la vida me brindó, por mor de la compasión, para no dañar más a quien sufrió tanto daño.

Pero se es como se es, y no es posible decir no para siempre cuando uno jamás cerró del todo su corazón al viaje, a la aventura, a la vida que se impone con toda su fuerza. ¿Cómo huir de tu amor cuando también es el mío? El río nos lleva, el mismo río de aquel cuyo amor se lo llevó la riada nos lo trae; Susan por Silvia, Hölder por mí...

Y el Neckar refrescó y descansó tus pies como lo hizo con aquella mirada perdida, con aquella tristeza insoportable del que no pudo coronar su amor con la dicha de los besos diarios. Nosotros seremos su deseo cumplido, el fin de su locura. Esperé a que tus pies salieran del río para sonreír, miré a tus ojos y nos volvimos hacia la torre como quienes se vuelven a saludar a un antiguo amigo que no mereció su suerte.

Susan y Silvia, Silvia o Susan... al cabo el mismo cuerpo para la dote de las caricias, para la prenda del río que no cesa, para el amor de siempre que brota tras cada golpe de remo, tras cada abrazo entregado y tierno, tras cada tarde contigo cuando el Neckar, ya desvaído y sobrio o febril, junta los ríos de nuestras vidas en este hermoso día de agosto tan cerca del cielo.

(del poemario Para Silvia)

Huelva. Julio de 1988


 

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